En la habitación blanca de un hospital, donde todo es frío y doloroso y las sonrisas escasean, alguien con la capacidad sobrehumana de hacer feliz a todo a su alrededor atraviesa la puerta. Al contrario de lo que podría esperarse, no se trata de un médico, un auxiliar o un enfermero. Es Thor, un pequeño amigo de cuatro patas, de raza bichón maltés y pelo blanco, casi del color de las sábanas, que el pasado viernes 22 de agosto accedió al Hospital San Juan de Dios para hacer compañía a su dueño, un pamplonés de 77 años que permanecía ingresado allí, en sus últimos días con vida.

“Thor llegó a nuestras vidas hace tres años”, cuenta la hija del paciente, de oficio chapista ya jubilado. “Cuando a mi padre le diagnosticaron el primer cáncer, decidí traerles a él y a mi madre un perro, para que no estuvieran todo el tiempo pendientes de su enfermedad”, relata. Así, el matrimonio tenía un pequeño aliciente que les hacía olvidarse de su situación “y tener un poco de alegría”. Por expreso deseo de la familia, este reportaje se publica a título póstumo y a los pocos días de que Thor visitara a su dueño.

Sin embargo, al recaer por cuarta vez en esta cruel dolencia, su ingreso obligó al paciente a separarse de su mascota. Durante su estancia hospitalaria, los mayores, acostumbrados a compartir tanto tiempo con sus perros, no dejan de preguntarse qué pasará con ellos. “Quieren despedirse de sus mascotas y les preocupa mucho no poder hacerlo”, revela la hija del fallecido, que destaca que “durante estos últimos días, él no paraba de insistir: ¿Cuándo vais a traer al perro?”. De hecho, incluso cuando su estado de salud le impedía reconocer a algunos de los familiares que le visitaban, el hombre no dejaba de preguntar por Thor, de quien siempre se acordó.

La mujer explica que este tipo de iniciativas son muy importantes para las personas mayores que reciben tanta compañía y cariño por parte de sus mascotas, como hacía su padre. “Por culpa de la enfermedad, mis padres casi no salían de casa, así que Thor era una parte imprescindible de su día a día”, admite. Por eso, es fundamental que la gente sepa que esta posibilidad existe.

Concretamente, esta es la segunda visita que una mascota hace a su dueño en el Hospital San Juan de Dios, después de que en julio, el pequeño Lucas visitase a Pablo, su dueño, tras dos meses sin saber el uno del otro. “Está demostrado que la presencia de animales puede reducir la ansiedad, aliviar el dolor físico y mejorar el estado de ánimo de los pacientes”, afirma Mª Asun Sánchez, directora de Enfermería del centro.

Ese vínculo entre los perros y sus dueños, así como el bien mutuo que se hacen, quedan bien retratados por la hija del dueño de Thor. Un mes antes de saber que la enfermedad de su padre ya no tenía solución, el perro empezó a hacer cosas raras. “Por las noches, se sentaba frente a la puerta de su cuarto. Imagínate, una cosita blanca, en medio de un pasillo oscuro, mirándote...”, recuerda. “Me hacía levantarme e ir a la habitación donde dormía mi padre”, expone, como si él ya fuera consciente de lo que le aguardaba y quisiera permanecer cerca de su dueño para cuidar de él.

Requisitos

El Hospital San Juan de Dios establece que solo puede acceder perros domésticos que hayan convivido previamente con el paciente. Además, es necesario presentar un registro oficial y un certificado de buena salud, las vacunas deberán estar actualizadas y el animal deberá tener una buena higiene, bozal, correa corta y la compañía de un adulto responsable. Para llevar a cabo este trámite, la hija del dueño de Thor acudió al Hospital Veterinario de Pamplona, al que muestra un sincero agradecimiento. “Gestionaron todo muy rápido e hicieron muy sencillo poder dar a mi padre esta alegría”, resalta.

Una vez realizadas las revisiones pertinentes, la solicitud debe presentarse al Servicio de Experiencia del Paciente. El personal hospitalario coincide con que “hay que fomentar estas iniciativas porque son muy beneficiosas”. Sin embargo, también admite que “alguien que va a recibir el alta dentro de poco quizás no es el perfil más indicado para que su perro le visite”. Es decir, se debe tener en cuenta la situación del paciente para considerar si es pertinente o no tramitar la visita.

Como para muchas otras personas mayores, Thor significó para su dueño compañía, alegría, amor y cariño incondicionales, hasta el último de sus días. Gracias al Hospital San Juan de Dios y al Hospital Veterinario de Pamplona, Thor llevó un ápice de calma y felicidad a un momento de crueles despedidas, acompañando a su dueño como siempre había hecho. Así, tanto Thor como su dueño pudieron, finalmente, decir adiós a su fiel compañero.