Tragedia en El Pilón
La trágica muerte de una espectadora tras el encierro del Pilón, un evento de interés turístico y económico para Falces, al despeñarse 20 metros reabre el debate sobre la seguridad, el modelo de festejos, el tipo de reses o los espacios de celebración
la trágica confirmación de la muerte de la mujer herida al término del encierro del Pilón en Falces el lunes, al que había asistido como espectadora, tras despeñarse 20 metros vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de revisar no solo el tipo y la ubicación de los festejos taurinos que se programan durante de las fiestas sino, y sobre todo, su seguridad sin miedo a reconocer que quizá no siempre esté siendo la adecuada. Ese lunes festivo unas 5.000 personas, la mayoría como espectadores, asistieron al Pilón -un evento de interés turístico y económico para la localidad-, en un recorrido de apenas 800 metros con la ladera de la montaña a un lado y el barranco al otro. Es cierto que en los últimos años se ha endurecido la legislación foral sobre espectáculos taurinos y que los Ayuntamientos navarros y los organizadores han aumentado las medidas de seguridad y garantizado atención sanitaria inmediata, pero a la vista de los hechos sigue siendo necesario insistir y revisar, para mejorar, las medidas que garanticen el mínimo riesgo a participantes y espectadores. De hecho, el pasado año murieron en Navarra dos personas en festejos taurinos -en Lerín y Murchante-, y en los últimos ocho años estos espectáculos se han cobrado 10 víctimas mortales en Navarra. A nadie se le escapa que el simple hecho de participar de una forma u otra en este tipo de festejos ya implica un riesgo, por ello es necesario no escatimar esfuerzos ni tiempo en la revisión periódica de las normas que los controlan. La seguridad se ha convertido en una de las primeras preocupaciones del encierro de Pamplona, y esa misma obsesión debiera trasladarse al conjunto del territorio con el único fin de minimizar los riesgos de que ocurran tragedias irremediables aún sabiendo con el 100% de seguridad -como en los deportes de riesgo, el tráfico, el mar u otras muchas actividades humanas- es imposible. Quizá podría resultar ilustrativo a la hora de impulsar la prudencia, la responsabilidad y la conciencia individual entre los participantes conocer los costes que recaen sobre el conjunto de la sociedad y las consecuencias para la salud personal de las víctimas de las innumerables costaladas, topetazos y revolcones en los numerosos festejos de vacas y toros que hay por toda Navarra. El debate se repite y no es tan sencillo como estar a favor o en contra de una tradición arraigada en muchos pueblos navarros, pero también cuestionada por una parte de la sociedad como demuestra que hay Ayuntamientos que ya los han eliminando de sus programas festivos.