La lupa para enfocar el alcance de la crisis en el bolsillo del ciudadano ha encontrado un buen referente en el reciente y largo puente festivo. Las idas y venidas a diferentes destinos turísticos, el consumo en la hostelería y el gasto de quienes visitan lugares emblemáticos de Navarra son un afinado termómetro para valorar tanto los atractivos que brinda nuestra tierra en estas fechas como el estado de la economía doméstica en vísperas de unas fiestas en las que se acostumbra a realizar dispendios extraordinarios. Y en este sentido cabe decir que ha habido de todo. En las calles de Pamplona se pudo observar una nutrida presencia de visitantes (casi al completo procedentes de diferentes puntos del Estado) pero, según versiones recogidas en el sector hostelero, no ha tenido una notable repercusión en la caja de estos establecimientos (ya sabemos que la hostelería se queja cuando llueve y cuando hace buen tiempo...). La conclusión sería que las familias no renuncian a disfrutar de los festivos programando viajes de menor duración, pero que equilibran ese gasto con una contención en el consumo. En los establecimientos hoteleros de la capital la ocupación rozó el 85% mientras que las casas rurales contabilizaron que un 15% de las mismas estuvieron cerradas en estas fechas y la ocupación no llegaba al 50%, mientras que la demanda repunta para Nochevieja hasta colgar el no hay billetes. Y es que, pese a lo extenso en fechas de este puente, la demanda en Navarra acostumbra a ser mayor en el puente de Todos los Santos. Habría que examinar el gancho que pueden tener Navarra y Pamplona en un comienzo de diciembre en el que la oferta exterior presenta como principal cebo el tiempo de Navidad. Basta con observar el esfuerzo que ciudades como Vigo o Málaga realizan para captar a ese turismo de mercadillos y luces a mansalva, una tendencia muy arraigada en el resto de Europa y que atrae a muchas personas. De hecho, en la Oficina de Turismo de la capital una de las informaciones más recurrentes tiene que ver con actividades y eventos propios de las fechas. En este sentido, la oferta es escasa y poco atractiva en contraste con otros lugares. A la hora de promocionar Navarra como destino habrá que tener en cuenta que el turismo ya no es solo estacional, de verano, si no que el flujo se reparte durante todo el año. Eso sí, hasta donde la crisis lo permita.