Comentaba Joseba Asirón, concejal de Bildu y anterior alcalde, hace unos días que “el ocio del siglo XXI no se puede basar en el sufrimiento de los animales” y que tendrá que ser la sociedad pamplonesa –aclaró que esto no es cosa de un alcalde o de otro– la que comience a trabajar en el modelo sanferminero del futuro. “Ahora mismo no se concibe Sanfermines sin el toro”, para añadir que “no sé si tiene que ser solo el encierro o el encierro y las corridas”. Bueno, lo obvio es que ahora mismo unos sanfermines sin una de las dos cosas parecen inviables, como unos Juegos Olímpicos sin deportes, ya que, como él mismo indicó “soy taurino única y exclusivamente ocho días al año. El, resto del año no me gustan los toros”. Este Rubicón, que tiene él y miles de pamploneses, es algo que algunos cruzarán y otros no, mientras que hay miles de taurinos y otros miles que no lo son.

Lo evidente es que fiestas sin toros hay, había y las habrá en todas las partes del mundo y que en Pamplona se pueden organizar, solo que ya no serían los Sanfermines, serían otra cosa, pónganle el nombre que quieran. Lo que no entiendo es por qué da miedo al menos el debate o la discusión, cuando ya hace ya muchos años que se cuestiona desde muchos ámbitos y desde buena parte de la ciudadanía especialmente el asunto de las corridas, donde los animales son masacrados para solaz de unos cuantos. ¿Es pecado mortal debatir qué queremos hacer con las fiestas de la ciudad? No lo creo. Es evidente que aún estamos en fases muy tempranas de este asunto y que ahora mismo, con la enorme suma de dinero que suponen los Sanfermines tal y como están montados, apenas habría capacidad de mover un solo toro del programa si con eso se pusiese en riesgo tanto la sacrosanta tradición que muchos aludirían como el impacto económico que es evidente tiene en la ciudad y alrededores. Pero algún día habrá que empezar a hablar.