Miro que vienen diez días de lluvia cuando hace diez que visioné que llegaban pronósticos de otros diez debajo del paraguas y que salvo alguna jornada de tregua, la cosa viene profunda, con este viento norte cortando la cara que no nos hace gracia en las estribaciones del mes de junio. Ni las golondrinas se oyen.

Y ahora la lluvia, fuera de plazo, como si tuviera que haberlo, molesta, incomoda. “Si hace malo, al menos que llueva”, resumimos nuestra solidaridad con el cambio climático, “pero es que estamos en mayo”, pensamos.

Mi amigo Josemari, agricultor de la cuenca, se revolvió desairado cuando le pregunté qué se planta ahora. “¿Que qué se planta...? ¡Qué se ha sembrado hombre!”. Así no se cosechan amistades, deduje, mientras desconecté en algunas de sus explicaciones sobre estos campos verdes mecidos por el viento, le atendí más sobre algún desastre provocado por esta meteorología confusa y me enchufé de nuevo en su resumen final. “Es que los de ciudad no os enteráis de nada”. Joder, que vivo en Pamplona y no en el centro de Londres o de Madrid... No enterarse es el problema, casi siempre, en todo.

Siempre me han gustado las plantas en los balcones, supongo que será algún apego infantil a las macetas que con sus florecitas se distribuían por la mínima balconada. Yo era de los geranios, unos tipos duros y agradecidos, capaces de soportar calor y frío y floreados en su momento siempre. Atractivos desde un rincón y esforzados y rotundos en su crecimiento, con tallos de recorrido inverosímil, capaces de sobrevivir incluso en unas semanas de despiste sin la atención suficiente. Unos malotes resistentes. Lo ideal para manos inexpertas o descuidadas o de primerizo. Ayuso quiere sacar plantas a los balcones de Madrid para poner freno al cambio climático a su manera, “desde el ámbito familiar”, dice. A ver qué se cuela en esas plantaciones domiciliarias, advierten algunos malpensados.

Cuidando los geranios y a brazo partido peleando contra el agujero de la capa de ozono. Qué orgullo tras años de labor sorda y solidaria sin saberlo porque, según esta teoría, varios efectos invernaderos llevamos liquidados con estas plantaciones minúsculas. Fijo.

La previsión dice que va a llover. Que nos dé también el aire.