Mientras la atención social y mediática está centrada en la investidura de Sánchez y en la masacre continuada en Palestina, la política navarra echa andar la nueva Legislatura en un estado de calma. Si se abre la puerta y se mira más allá de estas mugas, la sensación del panorama es que ahí fuera hace mucho frío. Con mantener algo caldeada la casa, casi bien. La investidura de Sánchez avanza paso a paso –hasta el 27 de noviembre hay tiempo–, y todo indica que el camino sigue. La encerrona fracasada que había preparado el PP con la mayoría absoluta de que dispone en la Cámara Alta con el rechazo a la amnistía como argumento estrella fue otro poco más de la nada en la que está inmensa la derecha de la mano de la ultraderecha desde los pasados comicios. Por lo que se escucha y lee a quienes están en los aledaños de las cocinas parece que una clave ahora es la estabilidad del nuevo Gobierno más allá de la investidura de Sánchez. Como mínimo, incluir la aprobación de los Presupuestos del Estado al menos para 2023. En todo caso, la insistente apuesta por la crispación política y social es cada vez menos efectiva en la opinión pública. De la guerra abierta de nuevo en Palestina, todo indica a que la apuesta es más guerra. Fracasado el intento de Biden de abrir una vía diplomática, queda el cierre de filas, la continuación de la masacre y la vulneración de la legalidad y de los derechos humanos en Gaza y cada días que pasa más también en Cisjordania. En Navarra, las cosas parecen habitar en su propia burbuja. No es que no haya problemas, –si hace unos días era el futuro de Volswagen, ahora es la incertidumbre que afecta a Siemens-Gamesa en Navarra–, y también la necesidad de abordar transformaciones en muchos ámbitos de los servicios públicos, desde la sanidad a la educación o los servicios sociales, pero la percepción es que se abordan desde las instituciones y desde la misma sociedad con una perspectiva de seguridad colectiva que en pocos lugares se vive hoy. El Gobierno de Navarra se ha puesto en marcha con unos objetivos prioritarios que ahora tendrá la responsabilidad de llevar a cabo, para comenzar con la vista puesta en los Presupuestos para el próximo año y en acertar con la nueva reforma fiscal para hacer frente a la presión de la inflación. UPN bastante tiene con solucionar el relevo de Esparza y lo que conlleve y con buscar una salida del laberinto en el que lleva tiempo dando vueltas perdido. Eso sí, de los debates más folclóricos, no se olvida la política foral. Algunos incomprensibles. Por no hablar del poco decoroso baile de la conga en que se ha convertido la elección de los presidentes de las comisiones del Parlamento, el ejemplo del cambio del lema que denuncia cada acto de violencia machista, supongo que con la buena pero inútil intención de tratar de sumar a Vox a la pancarta oficial. No había ninguna posibilidad. Sólo se ha conseguido que el mensaje institucional sea ahora Stop agresiones sin más referencia a la violencia contra las mujeres, mientras que los dos parlamentarios de la ultraderecha se siguen situando a dos metros del resto pregonando que la violencia no tiene género. El lenguaje, las palabras en los mensajes, son importantes en política y creo que queda claro quien ha ganado este pequeño partido. Un paso atrás incomprensible e innecesario.