Cuesta entender el modo de actuar de Cristina Ibarrola. Su estrategia y sus declaraciones son impropias de quien gobierna un municipio con solo 9 apoyos de 27. Lejos de buscar con humildad los acuerdos que necesita para sacar adelante sus principales iniciativas, tiene un comportamiento errante. No se sabe si nos encontramos ante quien cree que va a doblegar a la oposición desde la falta de empatía y la vehemencia o que ansía que le corten la cabeza para ser recordada entre los suyos como una mártir. Sea como fuere, lo cierto es que Pamplona corre el riesgo de sufrir otra parálisis institucional similar o incluso superior a la de los dos fallidos mandatos de Enrique Maya.
Sorprende, sin embargo, que la alcaldesa dé muestras de ser ajena al cúmulo de despropósitos que protagoniza, mientras entre sus quehaceres prioriza la sucesión de ridículas fotos. Entre ellas, suma dos con su colega pepero José Luis Martínez Almeida en poco más de tres meses de mandato. Un corto periodo de tiempo que, no obstante, ha sido suficiente para ver su falta de criterio en el parking de la plaza de la Cruz, la rotonda de San Jorge, el paseo de Sarasate, el carril bici de Beloso, etc. Cuatro ejemplos de cómo desempeñar un cargo defendiendo un día una cosa y otro la contraria, sin atender a la mayoría del Consistorio, y que son algo más que un botón de muestra de lo que le espera a la ciudadanía pamplonesa si nadie lo remedia.
La solución a este sindiós está en manos de las cuatro siglas que manejan cohesionadas los hilos del Gobierno de Navarra. Tan sencillo como consensuar una moción de censura que permita trasladar ese mismo modelo a la capital del reino. En definitiva, se trata de recurrir a una democrática herramienta diseñada para evitar situaciones caóticas como la que se vive en la vieja Iruña, que habría que impulsar sin mayor demora. No hacerlo significaría condenarla a otro año sin presupuestos y quien sabe si con los árboles de la plaza de la Cruz ya talados, habida cuenta de que la primera edil acaba de plantear una surrealistas consulta, quizá inspirada en La vida de Brian, de la que puede salir cualquier conclusión indeseada. ¿Quo vadis Cristina?