Tras su viaje a Israel Biden, quien solo logró reunirse con Netanyahu, y ya de regreso a la Casa Blanca anunció, o desveló más bien, el estado de la situación: “Estamos en un punto de inflexión para varias décadas”. Y pidió al Congreso que aprobara nuevas ayudas para la guerra por valor de 100.000 millones de dólares. La ayuda humanitaria, apenas un cuentagotas insuficiente del todo para paliar un mínimo siquiera la situaciones de los cientos de miles de palestinos cercados y encerrados en Gaza, sigue sin llegar, pero en Israel siguen aterrizando los aviones con nuevas armas de destrucción humana. Biden no se refiere solo a la guerra en Palestina, también habla de la guerra en Ucrania. Es el tiempo nuevo que ya nos está sucediendo. En pocos meses todo a ido derivando de crisis en crisis hasta una crisis global. La globalización de este siglo XXI muestra en toda su crudeza el fracaso de ese modelo de comercio. Un tiempo nuevo que vuelve a demostrar que las cuestiones vitales para los estados no es la calidad de vida de sus ciudadanos, sino el control de las materias primas, su privatización en grandes oligopolios de corporaciones internacionales y el gasto militar y los discursos belicistas patrióticos. El desastre medioambiental y climático está asesinando a miles de especies de la Tierra mientras la apuesta por la explotación desaforada y sin reglas de los recursos naturales va a más... Las amenazas llaman a puertas que nos resultan aún lejanas, pero la violencia y la injusticia de las guerras, la persecución y las mafias, la avaricia inagotable de la acumulación de capitales que siguen aumentando sus ganancias cuanto peor camina la historia presente o el intento de control absoluto no ya de la información y la verdad, y también de la intimidad y privacidad de todos los humanos como negocio nos afectan también aquí. Quizá todo esto se veía venir o se podía intuir, pero nos ha costado aceptar que es ya nuestro tiempo real. Al igual que las advertencias de hambrunas y sequías o inundaciones y la evidencia de que la crisis energética tiene consecuencias demoledoras. Un tiempo nuevo en el que el caos de la inestabilidad se está imponiendo. La apuesta es la guerra. La Eurocámara asumió también el discurso de EEUU. Siguen los bombardeos indiscriminados sobre la población en Gaza, siguen sin alimentos, agua, electricidad y más de 4,000 personas han sido asesinadas ya según la ONU, el 70% mujeres y niños. Hay más casos en este mundo así. Pero nada va a cambiar. Nadie va a parar algo que hace solo unos años pensaríamos imposible en estas dimensiones. La Cumbre de Egipto no parece que pueda arrojar decisiones contundentes ni efectivas. EEUU está ausente, así que la masacre continuará. Un tiempo nuevo en que a la democracia se le está despojando de sus valores –se impone en Europa el autoritarismo, la censura, el recortes de derechos y libertades civiles y políticas–, y los derechos humanos son papel mojado. Esos mensajes forman parte sin tapujos de los discursos de quienes manejan los hilos de todos los poderes. Todo se ha acelerado y no sé si somos conscientes de lo que pasa porque la verdad se ha difuminado en la mentira y la propaganda. Un tiempo nuevo de hechos consumados. Un cambio total a nivel global de consecuencias desconocidas. Este mundo ya es otro.
- Multimedia
- Servicios
- Participación