El verano es la estación de los sueños, la de soñar despiertos, si entendemos por soñar la posibilidad de sentir como real algo que no lo es, pero quizás llegue a serlo. Soñar lo posible o lo imposible para de alguna manera alejarse de la realidad, evadirse. Conectar con la imaginación y dejarse llevar. Dicen que en estos meses soñamos diferente. No sé, hay muchas teorías. Cada una tenemos la nuestra.

Pero el verano ya está aquí, como cada año. Puntual a su cita, asomándose como sin querer dejar del todo atrás la primavera. Con sus noches largas y tardes tormentosas, con olor a tierra mojada y vientos del sur. Es la estación de recoger lo sembrado y de parar para saborearlo; de mirar el horizonte y perderse en la curiosidad de lo que habrá al otro lado de esa línea invisible que apunta al infinito. Soñar es una buena terapia siempre en una sociedad que demasiadas veces nos obliga a caminar con los pies en la tierra, a pisar la realidad por cruda que sea, a alejarnos de las nubes. Y pienso en el placer que es siempre contemplar el cielo y ver las nubes pasar, tratando de adivinar sus formas, inventando lo que crees ver en el tiempo escaso que una nube está quieta.

El tiempo se va como las nubes y hay que conseguir tenerlo, aunque sea para hacer nada, para dejar de lado el hacer y concentrarnos en el estar y el ser. Sin grandes metas. Agradeciendo que estamos aquí, en esta nueva parada del viaje de la vida. Con el paso de los años, verano es casi siempre recordar, evocar otros momentos vividos y detenerte en lo feliz que eras entonces, porque lo eras. Quizás ahora también. Pero cuesta más reconocerlo.

La felicidad es como las nubes, cambia y hay que saber mirar y adaptarse a las diferentes formas para verla y sentirla. No se puede atrapar. Es fugaz. Y va y viene. Pronto será la noche de San Juan, antes la luna llena de junio, y volveremos a quemar lo que no ha sido bueno para dejar sitio a lo que está por venir, deseando, soñando, confiando. Con las flores en la mano y los pies remojados en el agua. Soñando despiertas con lo que nos traerá la nueva estación. Hay que entrenar la imaginación. A veces se nos olvida entre tanta racionalidad.

Veo que el último informe Pisa nos alerta de que los adolescentes de ahora no van del todo bien en pensamiento creativo, en imaginación, aunque por aquí mejor que por otras zonas. Es la primera vez que PISA evalúa la creatividad, con lo importante que es en la vida, con la falta que hace para resolver situaciones cotidianas el saber ver más allá, el intuir o imaginar. Porque soñar no debería ser la asignatura pendiente. Y menos en verano.