Hartazgo. La interminable pelea entre PP y PSOE aburre por insustancial y deplorable. No reparan ni el dolor ajeno y ni en la angustia extendida. Solo les guía una alocada rentabilidad mediática. Entre llamas queda el retrato abominable de su enésimo dislate. Suenan unas embestidas descalificantes plagadas sin desmayo de boutades incongruentes. Propuestas etéreas cuando no irrisorias que acabarán en cenizas. Les carcome la perversa obligación de conseguir un titular exigente. Como si el ciudadano no supiera ya que se asiste a un olvido secular en la atención forestal, a una nefasta coordinación de las emergencias y a una malévola rentabilidad política del error ajeno. Nada más gráfico que revisar el sofoco público al que es sometido Mañueco por su negligente gestión. Las desdichas tienen memoria.
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No hay propósito de enmienda por ninguna parte. La incierta situación tiende a empeorar en uno de los momentos más delicados por incandescentes de la confrontación partidista. Las actitudes y pronunciamientos de algunos dirigentes políticos avivan la tensión por arteros cuando no obscenos. Así es imposible ofrecer una mínima imagen de confianza y estabilidad. El presidente de un país que enarbola orgulloso la bandera de la polarización como sustento electoral carece de una mínima credibilidad cuando insta a cualquier pacto de Estado. El líder de la oposición que prioriza una pulsera para pirómanos en su catálogo de prevención de los bosques cuando apenas un 7% de estas tragedias naturales obedecen a este tipo de delincuentes tiene la sensata obligación de evitar tamaños ridículos para sostenerse como alternativa.
En medio del caos generado por actitudes tan mezquinas hasta Vox busca su propio minuto de gloria con absoluta desfachatez. Los populismos, siempre al acecho entre la confusión. El partido negacionista del cambio climático y principal responsable de sensibles desprecios hacia las necesidades agrestes en demasiadas autonomías ha causado un comprensible estupor al reclamar más prevención en el monte y mejoras a los bomberos en un insospechado tirabuzón dialéctico. Lo ha reclamado el exótico diputado Figaredo. No debe olvidarse que descabelladas excentricidades de este diputado ocupan varias páginas de las actas de sesiones. De casta le viene al galgo: su jefe pide hundir barcos.
Tampoco en el Senado cunde la ejemplaridad. Aquí, donde el PP ha hecho suya la institución, se asiste a intervenciones espeluznantes con demasiada frecuencia. La relevancia informativa del Congreso les libra, no obstante, de singulares bochornos en plenos esquizofrénicos. Pero siempre hay alguna ocasión para quedar en evidencia. Acaba de ocurrir durante las forzadas comparecencias de ministros como Margarita Robles, principalmente, y Marlaska. El ostensible desprecio de algunos senadores hacia las detalladas explicaciones, gráficas y verbales, de la titular de Defensa deshonra su acta. Les da igual quien comparece ni lo que diga, solo buscan el puro escarnio leyendo argumentarios teledirigidos, cargados de morbosa acidez, simplemente para agradar a sus superiores.
Solo les une el sueldo
Enzarzados a diario en pueriles debates, los dos partidos mayoritarios solo acuerdan un puntual alto el fuego cuando afecta a sus bolsillos. Lo han demostrado sin tapujos en la Asamblea de Madrid, otro campo minado para el entendimiento político. PP y PSOE han olvidado interesadamente sus profundas diferencias y frecuentes descalificaciones para acordar por segunda vez en este año una subida de sueldo a los parlamentarios.
Cuando recuperen el pulso, volverán al fango donde, paradójicamente, unos y otros cada vez se encuentran más a gusto. Los populares ya no van a soltar presa entre corrupción, financiación catalana y el rescoldo de los incendios. Desde la izquierda gobernante tampoco sienten demasiados escalofríos porque entienden como un craso error del enemigo los desaforados decibelios de sus constantes acometidas. Les preocupa que no descarrile la mayoría por su incrustada debilidad parlamentaria. Conscientes del precio a pagar, ya saben que Junts será exigente y EH Bildu, de saldo. Y les inquieta sobremanera la suerte judicial de algunos casos pendientes que salpican a los socialistas. Septiembre asoma como un mes demasiado incómodo. Ahí está la reactivación del caso Koldo en el Senado. Vendrá de la mano de Leire Díez, la sombra bastante alargada de Cerdán en la sala de máquinas más pringosa de Ferraz. Más ruido, más despliegue de cámaras, más tertulianos enfrentados, más declaraciones rimbombantes. Legislatura imposible.