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Mesa de Redacción

Alicia Ezker

Jóvenes, política y ultraderecha

Jóvenes, política y ultraderechaEuropa Press

En un contexto como el actual, en el que la amenaza fascista se extiende peligrosamente por el mundo, reconforta leer y escuchar a dos sociólogos jóvenes navarros, Lucía Pérez y Xabier Tirapu, cuando afirman “que decir que la juventud es de derechas sería caer en un error”. Al menos en Navarra, a raíz de las últimas encuestas, la gente joven se sale de la foto que marcan otras encuestas estatales y se aleja de la ultraderecha. Y eso es bueno. Los jóvenes no son un colectivo que se pueda unificar, aunque demasiadas veces se tiende a ello. No tienen un pensamiento único ni se mueven en una misma dirección. Nunca ni antes ni ahora.

Comparten muchos problemas, pero no siempre comparten la manera de solucionarlos. Ser joven conlleva una cierta rebeldía, valentía, ser de alguna manera antisistema. El problema es que algunos, los menos, están errando, colocándose en el bando equivocado, demasiado cerca de los ultras. Es cierto que son la generación que no ha vivido ni de lejos una dictadura y que les ha faltado, hasta hace unos años, un mejor acceso al conocimiento y difusión de la Memoria Histórica, pero nada es excusa.

En muchos casos la generación de sus abuelos padeció de cerca el franquismo y saben que no se pueden dar pasos hacia atrás. Sino avanzar desde la izquierda. Hay que aferrarse a esos jóvenes que sí quieren cambiar las cosas, las de cerca y las de lejos. Que protestan, en las calles o en las redes, por la falta de vivienda, por la precariedad, por el fascismo amenazante y contra Trump.

Desde lo local hasta lo global, porque a diferencia de otras épocas, los de ahora viven en el mundo y se mueven en él. Y es cierto que no ven con buenos ojos la actual manera de hacer política, que cuestionan los partidos, que quieren poder incidir directamente en las decisiones que les afecten. Pero lo mejor es que la llave la tienen ellos y ellas, dando pasos al frente en esa línea de la política que quieren romper para cambiarla, en la que tanta falta hacen las voces más jóvenes.