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Juan Mari Gastaca

Hablarse de espaldas

Hablarse de espaldasEduardo Parra

Que la realidad no destroce mi idea. Ni, por supuesto, mi razón. Sobre la triste esencia del antagonismo enraizado deambulan los coléricos debates sobre los asuntos más trascendentales. Nada puede resultar más nefasto. Por eso resulta quimérico imaginarse siquiera un mínimo acuerdo garantista para acorazarse ante la esquizofrenia trumpista. Mucho menos una acción conjunta de Estado para esbozar una Europa menos vulnerable. Bajo semejante paranoia escénica quedará retratado el encuentro del próximo lunes entre Sánchez y Feijóo. Fácil imaginarse que hablarán de espaldas.

No hay voluntad de distensión. Ni la habrá en mucho tiempo. Los sondeos así lo aconsejan porque escrutan que la polarización renta. El Gobierno alerta sobre esa (ultra)derecha en blanco y negro, amenazante para la igualdad, la convivencia y el espíritu democrático. La oposición azuza con la maliciosa tendenciosidad de una izquierda deslegitimada por su perversión del poder entregado a los enemigos de la patria. Dos muros cada día más cimentados sobre la bilis. Una súbita explicación para entender fácilmente el estéril debate sobre Venezuela. Nadie atiende ni escucha al diferente. A piñón fijo.

Podría afirmarse sin demasiado riesgo de error que el PP desaprovechó la comparecencia del ministro Albares. Quizá porque sigue siendo incapaz de maquillar su traspié inicial. O, tal vez, porque únicamente prefiere congraciarse con un sector de la emigración venezolana en Madrid, que reduce todo su consuelo a la encarcelación del dictador Maduro sin atisbar las derivadas reales de este golpe al derecho internacional. Así lo demostró al elegir para la ocasión a su ideologizada portavoz Cayetana Álvarez de Toledo, dotada de las mejores cualidades exigibles a un orador parlamentario. Fue incapaz de sortear en una brillante intervención efectista las lagunas que supone para su partido el contubernio de Trump con el chavismo y el desprecio de EEUU a la figura de la desconcertante y desconcertada María Corina Machado.

Mirándose cada uno a su ombligo sin recato alguno, y a pesar de la trascendencia de tan inquietante situación internacional, nada bueno puede esperarse del encuentro entre Sánchez y Feijóo. Ni se lo proponen. Una muestra palmaria de la defunción de aquel bipartidismo que solo parece añorarse en la generación boomer y que pone en bandeja con sus desencuentros en cuestiones mollares la verborrea incendiaria de Vox.

En cuestión de desavenencias, pregunten en la izquierda gobernante. Sus profundas discrepancias en materia de vivienda sonrojan porque las llevan al tenderete público sin pudor y lo hacen desde posiciones nada propensas a converger. La ausencia de realidades atractivas para una masa electoral flotante en una materia más sensible atormenta a las dos almas del Consejo de Ministros porque temen un castigo. Siempre les irá quedando el consuelo de Tezanos, imperturbable en sus desconcertantes muestreos. Hay que tener una desbordante osadía profesional para aseverar sin paños calientes ni salvaguardas que el PSOE aventaja en 8 puntos al PP tras conocer el inapelable veredicto de las urnas de Extremadura.

Paso a paso

Tampoco Sánchez, cada vez más hábil al hacerse presente en el debate internacional, se ha sonrojado por rescatar la misma propuesta fiscal sobre los alquileres que planteó hace un año. El presidente sabe que la porosidad del mensaje destroza toda capacidad de investigación y de análisis sesudo. Vende el titular inmediato de impacto y la fotografía atractiva. De hecho, las críticas por este malabarismo perdieron su escaso eco a la vuelta de la esquina. Pero ya había conseguido el objetivo de hacerse un hueco propio en un tema tan nuclear socialmente. En Génova, en cambio, siguen sin abrir el libro del canibalismo político. Esperan que las manzanas caigan maduras del árbol.

Mientras asoma la vista judicial por el desvergonzado negocio de las mascarillas que salpica especialmente a Ábalos, Koldo y De Aldama, Sánchez no ceja en el empeño de contentar a sus socios de investidura. Paso a paso. Así, salva agónicamente con el nacionalismo vasco el primer match ball de un puñado de transferencias. No está descartado definitivamente que Junts haga descarrilar la financiación autonómica diseñada con el cartabón de Illa. Junqueras sigue encantado con su papel de abanderado de las aportaciones millonarias para Catalunya, aunque resultó sorprendente el demoledor sopapo de Albares a Rufián al afearle con acritud que se hubiera ausentado del escaño durante sus dos intervenciones. Otra manera de hablarse de espaldas.