Durante años se ha venido repitiendo una idea equivocada: que aprender una lengua minoritaria como el euskera desde pequeño puede dificultar el aprendizaje de otras más “útiles”. La investigación y la experiencia educativa dicen lo contrario: el bilingüismo temprano es una de las mejores bases para el plurilingüismo. En Navarra, casi la mitad de los menores de 15 años ya tienen conocimientos de euskera, y cada vez más familias apuestan por ella como una inversión educativa.

La consejera Ana Ollo defendía ayer una idea clave: el plurilingüismo más “sostenible” es el que se inicia con castellano y euskera, y se amplía después con lenguas extranjeras. El euskera es parte fundamental de la identidad histórica de Navarra y un patrimonio de toda su ciudadanía, lo hable o no cada persona. Entenderlo así cambia por completo el debate educativo. Además, cuando un niño crece con dos lenguas, entrena su cerebro para manejar sistemas distintos: elegir una lengua, cambiar de reglas, adaptarse.

Ese entrenamiento, dicen, mejora la atención, la flexibilidad mental y el control cognitivo, habilidades claves para aprender cualquier idioma más adelante. Además, como el euskera es estructuralmente muy diferente del castellano o del francés, ayuda a comprender antes que las lenguas no funcionan igual, que cada una tiene sus reglas: una ventaja clara cuando llega una tercera. En Luxemburgo los niños crecen con tres lenguas -luxemburgués, alemán y francés- y hoy la mayoría de los adultos son trilingües funcionales. No por talento especial, sino por una educación temprana bien planteada. Opción pedagógica, cultural, identitaria, o todas a la vez, todo son ventajas.