El asunto todos estos días pasados ha estribado en saber qué falló –al parecer un tramo de vía fabricado en 2023 y colocado en 2025, soldado a un tramo de vía antiguo que no fue el que falló– y por qué falló, una segunda incógnita que posiblemente tarde bastante más tiempo en conocerse. Y, en paralelo, en la actuación al respecto del Ministro de Transportes, el tan contestado como venerado Óscar Puente, un ministro con logorrea digital y maneras muy fuertes y que ha sido acusado por activa y por pasiva de mentir, por ejemplo cuando anunció que la vía había sido renovada de manera integral. Esto se demostró finalmente que no fue así, pero de la misma manera se supo que el tramo que falló era el nuevo y no el viejo.

En cualquier caso, el despliegue de información, ruedas de prensa y explicaciones en televisiones y redes por parte del Ministro no tiene mucho parangón en democracia y dista mucho de las explicaciones que se han dado en tragedias anteriores, lo cual, no obstante, solo es positivo si efectivamente el Ministro nos está contando la verdad de lo que saben y no solo partes de verdad y luego interpretaciones y expresiones verbales llevadas a su terreno. Dice que si finalmente se demuestra que tuvo alguna responsabilidad directa en lo sucedido no tendrá mayor problema en dimitir, lo cual imagino que calmaría a quienes buscan ese trofeo más aún que conocer qué pasó de verdad para poner los medios para que no vuelva a ocurrir.

Pero no sé si calmaría a quienes, con conocimientos técnicos en la materia, argumentan que esta clase de sucesos son difícilmente predecibles por mucha buena fabricación, mantenimiento y revisión que se realice. Y eso, queramos o no, asusta un poquillo. Confiemos, no obstante, en que todo este drama ayude a subsanar todo aquello que está cogido por los pelos y que es manifiestamente mejorable, incluyendo si es caso al propio Ministro.