Castilla y León afronta este domingo una nueva cita electoral con un guión que, en gran medida, ya está escrito por los sondeos. El PP llega a la jornada de votación como claro favorito, con una ventaja apreciable sobre el PSOE. Sin embargo, esa distancia no parece suficiente para garantizarle la mayoría absoluta. Todo apunta, una vez más, a un escenario en el que la gobernabilidad dependerá de pactos y, de manera muy particular, de Vox.
La formación de extrema derecha se ha consolidado en la comunidad hasta el punto de convertirse en un actor imprescindible en la aritmética parlamentaria. Si las encuestas se cumplen, Vox volverá a situarse en una posición determinante, con capacidad real para facilitar la formación de gobierno o para bloquearla. Se trata de un papel que el PP ha terminado por asumir con absoluta normalidad, hasta el punto de que la relación entre ambos partidos ha dejado de presentarse como excepcional.
En la legislatura anterior, Castilla y León fue el escenario del primer gobierno autonómico de coalición entre el PP y Vox en el Estado español. Lo que en un principio se interpretó como una alianza fruto de la necesidad parlamentaria ha ido evolucionando hacia una convergencia política cada vez más visible. En muchos ámbitos del debate público resulta difícil distinguir dónde terminan las posiciones de uno y comienzan las del otro.
La experiencia de otras comunidades, como Extremadura, ilustra bien esa dinámica. Gobiernos conservadores sostenidos por la extrema derecha que terminan dependiendo de su voluntad política. Esa relación de dependencia explica en buena medida las cautelas del PP durante la campaña. Los populares han tratado de mantener abiertas todas las opciones de pacto sin comprometerse de forma explícita con ninguna fórmula.
Frente a ese planteamiento, el PSOE ha intentado convertir la posible continuidad del modelo PP-Vox en uno de los principales motores de movilización electoral. El resultado del domingo será observado con atención en clave estatal. No solo porque determine quién gobierna la comunidad, sino porque puede ofrecer pistas sobre el rumbo de la política española.
El PSOE juega a fondo la carta del rechazo a la alianza con la extrema derecha, un argumento que también conecta con la estrategia del Gobierno de Sánchez, reforzada en las últimas semanas por su oposición a la guerra impulsada por Trump y Netanyahu contra Irán.