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Tierra Estella, bien común

Tierra Estella, bien comúnJ.A.

Tierra Estellano es una mera suma de ayuntamientos, concejos o valles. Ni siquiera es solo una referencia geográfica o un concepto administrativo. Es, como ya hemos recordado en otras ocasiones, una construcción histórica nacida de la convivencia, de la necesidad compartida y de una relación constante entre los pueblos y la ciudad. Un territorio que, antes de que existieran las actuales estructuras administrativas, ya se organizaba, y que durante siglos ha funcionado como un bien comunal.

Hoy en día, Estella-Lizarra es referente cultural, económico y comercial de Tierra Estella. Mantiene -y creemos que debe seguir manteniéndola- su función vertebradora: mercado, servicios, administración, educación, etc. Eso es lo que le da sentido a Estella-Lizarra; es lo natural. Y lo es por su función como ciudad cabeza de comarca, no por imposición.

La ciudad se debe a su entorno, al mismo tiempo que este entorno toma a la ciudad como punto de apoyo. Nunca desde la competencia, siempre desde la colaboración. Y es desde esa cooperación como motivación desde donde hemos podido llegar a ser una comarca reconocida por su emprendimiento en diversas materias, como, por ejemplo, en la gestión de residuos y el reciclaje.

Esa relación -frágil y compleja, pero fecunda y equilibrada- entre la ciudad como cabeza de merindad y su entorno se ha deteriorado cuando han prevalecido miradas cortoplacistas o decisiones unilaterales.

Las fórmulas de colaboración creadas en las últimas décadas -mancomunidades, consorcios, entidades de desarrollo- son estructuras de apoyo mutuo adaptadas a los tiempos actuales, pero con una esencia muy antigua: coordinarse, compartir recursos, pensar en clave de territorio. En definitiva, tener una estrategia territorial. Y aun reconociendo que no son estructuras perfectas, sí son herramientas útiles -diríamos que imprescindibles- para gestionar una realidad que no entiende de localismos.

Por eso, cuando desde un Ayuntamiento como el de Estella-Lizarra se toman decisiones que alteran esos equilibrios de cooperación, es necesario detenerse a pensar no solo en su legalidad, sino en sus formas y en la hipoteca que dejan a las siguientes generaciones. Gobernar implica decidir, pero también explicar, dialogar y respetar. El respeto entre instituciones no debe ser una mera cortesía formal: es el reconocimiento de que ninguna actúa en solitario y de que el trabajo acumulado, las personas y las relaciones construidas, forman parte del patrimonio colectivo.

En este contexto, la salida de Estella-Lizarra del Consorcio Turístico de Tierra Estella, sin una alternativa clara y con formas poco cuidadas, merece una reflexión profunda.

El turismo es una actividad vital para la economía local y comarcal. Genera empleo, permite que la gente siga viviendo en los pueblos, vertebra el territorio y nos da a conocer. El Consorcio Turístico de Tierra Estella nació precisamente para eso: coordinar esfuerzos y compartir recursos. Desde esa perspectiva, la decisión del Ayuntamiento de Estella-Lizarra de abandonarlo solo puede entenderse desde una mirada localista y como una ruptura de una estrategia común.

Promover la cooperación entre administraciones requiere esfuerzo, sí, pero es la manera más justa y eficaz de gestionar los recursos públicos. Lo contrario es una debilidad.

Revisar modelos de gestión es legítimo, pero hacerlo sin claridad, sin diálogo y sin un proyecto de futuro genera incertidumbre y dilapida el esfuerzo colectivo acumulado durante años. Además, las formas utilizadas desde el Ayuntamiento de Estella-Lizarra han sido de una descortesía preocupante, promoviendo públicamente el desprestigio del Consorcio Turístico de Tierra Estella.

En este proceso resulta necesario mencionar el papel de GEDEMELSA, la empresa pública municipal. Desde el gobierno municipal se planteó que pudiera asumir funciones relacionadas con el turismo una vez consumada la salida del Consorcio. Sin embargo, esta idea no vino acompañada de un plan de actuación concreto ni de objetivos definidos. Hoy en día, GEDEMELSA sigue sin un encaje claro dentro del funcionamiento municipal ni un proyecto turístico evaluable. A ello se suma una etapa reciente marcada por problemas de gestión y por la dimisión de su presidencia, lo que refuerza la sensación de improvisación y falta de objetivos para una herramienta pública que debería generar confianza y estabilidad.

No podemos dejar en segundo plano a las personas que sostienen con su trabajo diario el turismo comarcal. Las trabajadoras y trabajadores del Consorcio Turístico de Tierra Estella merecen respeto, reconocimiento y certezas. Su labor ha sido clave para atender a miles de visitantes, dar a conocer la comarca -y con ella, nuestra ciudad- y mantener la red entre pueblos, empresas e instituciones. No son una pieza secundaria ni prescindible: son parte esencial del servicio público.

Del mismo modo, las empresas y entidades del sector -alojamientos, hostelería, comercio, guías, asociaciones culturales- se ven directamente afectadas por esta ruptura. Apostar por caminar en solitario y sin un modelo alternativo claro genera dudas, frena iniciativas, aleja inversiones y debilita un sector ya de por sí frágil.

Este proceso se consuma con la obligación impuesta al Consorcio de abandonar el local de la estación de Estella-Lizarra, que además funcionaba como punto de información turística. No es un hecho menor: la ciudad pierde un servicio útil, se rompe un espacio de acogida comarcal y se proyecta una imagen poco colaborativa que no nos favorece. Es una medida que todavía puede reconducirse.

Tierra Estella necesita instituciones unidas, con objetivos compartidos y conscientes de su interdependencia. Escuchemos al territorio, que siempre habla claro. Quienes vivimos aquí lo sabemos: se trabaja en un pueblo, se estudia en otro; usamos servicios comarcales que mejoran nuestra calidad de vida. Creamos espacios comunes. Hacemos comunidad. No podemos negar esa realidad. Cuidarla exige diálogo, respeto institucional y una mirada que vaya más allá del corto plazo.

Defender Tierra Estella como bien comunal es, en definitiva, defender una forma de gobernar basada en el respeto entre instituciones. No como una opción ideológica, sino como una necesidad práctica para preservar la cohesión territorial y el futuro de una comarca que siempre ha avanzado cuando ha sabido hacerlo junta.

*Concejales de EH Bildu en Estella-Lizarra