La elección en el Consejo político de UPN de Cristina Ibarrola como cabeza de lista al Parlamento de Navarra en las elecciones de mayo de 2027, sin consultar al conjunto de los afiliados, por cierto, abre una carrera electoral que se prevé convulsa y dura. Eso si Sánchez no decide antes adelantar los comicios generales y Chivite tiene la tentación de adecuar también los comicios forales a ese adelanto. Que no lo creo, pero es otra posibilidad sobre la mesa.

No sé si realmente Alejandro Toquero tenía interés por competir por ese puesto, pero en todo caso el aparato oficial que controla la formación le ha cerrado al alcalde de Tudela la puerta por la vía rápida. A poco más de un año para los comicios no parece, al menos por lo que indican hasta ahora las encuestas, que la actual correlación de fuerzas en el panorama político navarro vaya a sufrir cambios tan importantes como para que se produzca un vuelco entre lo que las suman ahora las siglas del espacio progresista que sostienen al Gobierno de Chivite –PSN, Geroa Bai, Contigo-Zurekin y EH Bildu–, y el conglomerado de la derecha y la extrema derecha que conforman UPN, PP y Vox. El actual 30-20 del Parlamento se mantiene más o menos estable.

Puede ser un 29-21 o un 31-19, pero no se detectan movimientos en el electorado de Navarra que vayan a cambiar la mayoría que llegó el Gobierno foral en 2015 y que con diferentes fórmulas y correlación de fuerzas entre sus miembros se ha mantenido hasta ahora como garantía de estabilidad institucional. Un bien político muy anhelado en estos tiempos de desorden y caos en la política del Estado y en el ámbito geopolítico y económico internacional. Otra cosa es que el devenir político de los 15 meses que aún quedan por delante pueda modificar el reparto de escaños entre los miembros de cada espacio socio electoral. El auge constante de la extrema derecha de Vox en todo el Estado –una elección autonómica tras otra– tendrá su traslado también a Navarra, aunque posiblemente con mucho menor crecimiento y eso puede afectar también a los resultados de UPN y sobré todo de PP, que reclama volver a la coalición con UPN quizá como salvavidas seguro ante la amenaza de Vox. También el PSN puede verse afectado a la baja en su número de escaños por los malos resultados del PSOE en los comicios autonómicos y por el caso Cerdán que UPN ha situado en el eje de su estrategia de oposición.

Al PSN le va bien en Navarra cuando al PSOE la va bien en el Estado y no parece ser esa la situación a día de hoy. Una oportunidad quizá para Geroa Bai y Contigo-Zurekin, a la espera de que las izquierdas estatales vayan consolidando de forma fiable su proyecto político de nuevo, y para EH Bildu si mantiene su actual tendencia al alza. Todo ello puede influir también en la confianza y estabilidad del Gobierno de Chivite, porque a un año de las urnas las estrategias e intereses partidistas tienden a dispararse y situarse como prioridad por encima incluso de los intereses generales. Esas tensiones entre socios ya se han dado también en el tramo final de todos los gobiernos de coalición. Y de todo ello tampoco es descartable un nuevo modelo de Gobierno. La política es el arte de lo posible, pero muchas veces también de lo imposible.