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La pataleta de Trump

La pataleta de TrumpEP

La decisión del Tribunal Supremo de EEUU de rechazar los aranceles impuestos por el presidente Trump sobre la mayoría de las importaciones provocó en el primer mandatario una auténtica pataleta ante los medios informativos convocados a la Casa Blanca pocas horas después, además de la que probablemente tuvo también en el Despecho Oval y que no pudimos ver.

No solo consideraron improcedentes esos aranceles los tres magistrados que simpatizan con el Partido Demócrata, sino que se les sumaron nada menos que otros tres, de tendencias conservadoras, dos de los cuales debían su cargo a Trump, quien los nominó durante su primer mandato presidencial.

El presidente se sintió traicionado y no ocultó su desdén y condena por esa decisión que, según aseguró, iba a tener pocas consecuencias porque existen otros resortes para mantener los aranceles.

En este aspecto tenía razón, porque hay otras leyes y modalidades que permiten imponer otro tipo de consecuencias semejantes y es precisamente lo que hizo, al anunciar unos aranceles nuevos, del 15% sobre todas las importaciones a EEUU, utilizando leyes diferentes.

Entre tanto, en el país reina un auténtico desconcierto en cuanto a las consecuencias inmediatas: ¿Va el gobierno a devolver los miles de millones de dólares cobrados? O, como muchos creen, ¿los retendrá mientras da largas al asunto y reclasifica lo ya recaudado como cantidades protegidas por otras leyes?

De momento, ni la sentencia ni los números favorecen a Trump, quien está ya enfrascado en las elecciones parciales del próximo noviembre, a las que él no se presenta, pero afectan a legisladores y gobernadores. Amenazan la tenue mayoría de los Republicanos, tanto en el Congreso como en los gobiernos estatales: en el Senado dominan por 3 escaños (47 a 53), en la Cámara de Representantes por 5 (218 republicanos, 213 demócratas y 4 vacantes) y en los 50 estados se convertirían en minoría si pierden 3 elecciones (hay 27 republicanos y 23 demócratas)

Trump tiene poca libertad de maniobra porque sus medidas no han servido para reducir mucho el déficit público y la inflación no está contenida, lo que desincentiva al Banco Central a bajar los tipos de interés como quiere el presidente. Es algo que sus rivales políticos –y algunos de sus seguidores– atribuyen al encarecimiento que sus aranceles han traído a un país que no renuncia a sus importaciones.

A pesar de la pataleta de Trump, la decisión del Supremo es una espada de dos filos para los Demócratas, quienes llevaban tiempo criticando al Supremo por considerarlo vendido a Trump, pero ahora tienen menos motivos para acusarlo de parcialidad.

A pesar de ello, el Congreso podría llevar a la práctica su amenaza de aumentar el número de magistrados del Supremo para diluir la mayoría republicana, si el partido demócrata recupera el control en noviembre, lo que le daría un mínimo de dos años para paralizar al presidente.

Es algo no solo posible sino probable, porque el margen de ventaja republicano es mínimo y lo habitual es que el partido del presidente pierda escaños en las elecciones a la mitad de su mandato.

Pero también es cierto que la decisión del Supremo podría ayudar a Trump en las elecciones porque, de momento al menos, sus aranceles no han tenido tiempo de crear más puestos de trabajo (si es que lo logran alguna vez), pero sí han subido los precios, así que podría servir de excusa para que Trump cambie de rumbo sin reconocer que ha cometido un error.

De momento, Trump propone “devolver” estos aranceles a la población con cantidades importantes, de hasta 2000$ por persona, beneficio del que tan solo quedan excluidos los “muy ricos”. Promesa muy halagüeña, pero… demasiado bonita par que la gente cuente con ella.

Primero, porque este dinero tan solo se podría repartir si lo aprueba el Congreso, algo muy laborioso e incierto, de forma que algunos funcionarios ya indican que se obtendría mediante recortes fiscales y otras medidas.

Esta crisis política creada por la decisión del Supremo beneficia al presidente también en otro aspecto, ya que distrae la atención pública de posibles conflictos en el Golfo Pérsico, donde EEUU está acumulando efectivos militares

Aunque el gobierno de los ayatolás no se distraiga demasiado con los detalles de la política de Washington, para Trump es un respiro desviar la atención del público norteamericano que, a fin de cuentas, es su primer “cliente” y cuyos medios informativos influyen en el resto del mundo.