El mismo día que Vito Quiles quiso darse una vuelta por Pamplona –hace unos meses–, en el mismo torrente informativo, pero con mucha menos ola, algunos medios reseñaban que cinco niños, sentenciados por la leucemia, habían sido salvados gracias al tratamiento con una terapia desarrollada en el Hospital La Paz de Madrid. La bronca se lo llevaba casi todo, la otra historia circulaba silenciosa.
La semana pasada, a la vez que los bombardeos de Estados Unidos, Israel, Irán, se conocía que el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona ha implantado el marcapasos más pequeño del mundo a una recién nacida de tan solo 2,1 kilos que presentaba una grave alteración cardíaca detectada durante el embarazo. La ironía es que el inventor del aparato es un ingeniero de origen iraní, nacionalizado estadounidense y creador de los marcapasos sin cables para adultos. Eso sí que es una bomba.
Cualquier día, bendita rutina, casi parecen que se esconden en telediarios, programas y medios, en soportes de todo tipo, informaciones que relatan avances científicos, proyectos para curaciones que toman forma o sendas emprendidas por equipos de investigación que se acercan a objetivos salvadores a medio plazo. Salen entonces los estudiosos, entre risueños y humildes, tiernos y serios, y cuentan su pelea contra esos males –que son las cosas que de verdad nos preocupan a todos–, en los que ellos están en la primera línea de fuego –eso sí que es estar en el frente– y asumen, sin alzar la voz, que los fondos económicos que tienen son los que son, que con eso hacen lo que pueden, pero que con más recursos todo iría mejor, quizás no más rápido, pero más seguro. En la lista de precios de los misiles –que si te pones a buscar, la encuentras–, el más barato sale al modesto precio de un millón de euros.
Las buenas noticias son las noticias buenas. Son las necesarias, nos reconcilian con el ser humano. Aunque a menudo se nos olvide. Ya se habla de un gasto de 11.000 millones de dólares en lo que se lleva de guerra. Por ahora, la única buena noticia es que queda un día menos para que termine. Qué triste.