Dice el escritor Manuel Longares que Franco es “una manera de ser y de pensar” aún en circulación. Constatación pertinente en estos días de autoritarismo gordo; Franco se creyó tocado por la divinidad, ordenó matar por ideología y religión, e hizo de su moralina agresiva e hipócrita la moral oficial de la población. A base de propaganda a toneladas, disfrazó el subdesarrollo de desarrollismo, envolvió la violencia de paz y encarnó un fariseísmo sistémico, usurero de sus propios intereses.

Toda esa toxicidad miserable prendió en una sociedad traumada, temerosa y pacata. La opereta terminó hace medio siglo, pero pululan cruzados de su ego, fetichistas de Madrid y meapilas sinvergüenzas avaros de poder.

Detalles 

“Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden”. Así ha hablado esta semana Díaz Ayuso de la conquista de México, como si se tratara de una temporada inolvidable en el Bernabéu. “Los de la cruz”... En marcos de este estilo, que pensábamos casi extinguidos, crecen los trumpistas de naturaleza deslenguada y supremacista; muy brutos, muy carcas e inmensamente jetas, que llevan fatal el ser refutados, y mucho menos por una mayoría democrática.

Vivimos entre la fiesta perpetua y la niebla del malestar o la indiferencia, justo cuando a parte de la izquierda se le ha roto el motor.

No hay nada más desalentador que un fin de ciclo. Ya no es cuestión de refundar nada, sino dar con un plantel que pise suelo. Con garbo, pero que lo pise, sin conquistar los cielos; basta con tocar tierra y abrir las ventanas, que huele a cerrado.

Pertrecharse en 2011 es un ejercicio inútil. Han pasado 15 añazos desde el 15M. Periodo equivalente a vivir en 1997 y seguir imaginándose en 1982. Un desvarío estratégico e intelectual. De ese tipo de anacronismos la izquierda sabe un huevo.

El final del siglo XX, por cierto, dejó una lección cristalina en Ferraz. El PSOE ya no iba a funcionar ni con González, ni con Guerra, ni con Borrell ni con Almunia, ni con Bono ni mucho menos con Rosa Díez, sino con un entonces desconocido Rodríguez Zapatero.

Lo mismo se puede aplicar ahora Izquierda Unida, en crisis de los cuarenta tras la elegía del yolandismo. O Podemos, salvo revulsivo externo rufianesco (el diputado de Esquerra sigue con su pulso); o Sumar, que no ha superado ni la garantía del concesionario.

Son multitud

Volviendo a Longares y llevando su reflexión un poco más allá. ¿Cuántos piensan con un marco similar a Trump? ¿Cuántos le admiran? ¿Cuántos, de sentirse impunes, ordenarían bombardear en beneficio de sus negocios o quieren que Europa doble el espinazo? No son preguntas retóricas. Una “tierra libre de sanchismo”, como presume Fernández Mañueco (Partido Popular), es un territorio sembrado de voxismo, y Vox es pro Trump y pro Netanyahu.

La ultraderecha de Vox mira a Trump y a Netanyahu con el entusiasmo con que Franco abrazó a Eisenhower en 1959 en la base de Torrejón

En las facturas

La ultraderecha ha abrazado la guerra y ha puesto patas arriba la economía. Ahora quizás lo tengamos más presente al repostar, cocinar, ducharnos o hacer la compra. Los ultraderechistas se creen la oblea del mundo y ven en Feijóo a un pactista blandito.

Este va a ser difícil de olvidar. Vuelven las guerras de religión, de ideología y de la pasta, y la culpa es de China por cometer la osadía de intentar adelantar a Estados Unidos. Y también de Sánchez, faltaría más, y ya hasta de la OTAN. Cosas veredes...