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Derecho a vida y muerte dignas

Derecho a vida y muerte dignasAntena 3

Nacemos sin querer. Y muchas cosas después dependen de donde ese sin querer te lleve. Pero la vida es de uno, no de nadie más. O eso creo. No es lo mismo nacer en Navarra en una familia asentada que nacer en una familia desestructurada. Y ya nacer en otros entornos del mundo es mucho menos lo mismo. Cuando lean estas líneas Noelia ya habrá fallecido “sola y guapa”, como fue su último deseo. Noelia Castillo pudo cumplir finalmente su deseo de dejar de sufrir e irse en paz, sin querer ser ejemplo de nada.

Deja atrás una vida difícil, abandonada en un centro de acogida por sus padres, abusada y agredida poco después de salir de allí en varias ocasiones, sufría, tras un intento de suicidio, una paraplejía que le obligaba a estar en silla de ruedas y con secuelas y dolores permanentes. La mayor parte del tiempo de su vida, si eso era vida, lo pasaba sedada para intentar menguar el sufrimiento del dolor. Esta joven catalana de 25 años solicitó la aplicación de la Ley de Muerte Digna y se sometió a todos los controles médicos necesarios para ello. Que son muchos en una ley garantista.

Con la fecha y los protocolos legales establecidos para la aplicación de la eutanasia humana, su padre puso en marcha una campaña judicial, con el apoyo de Abogados Cristianos y todos sus recursos, que ha prolongado su agonía dos años más tras ir sumando el aval judicial de todas las instancias a la que los recursos le sometieron. Las últimas, el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Una historia de crueldad e inhumanidad aterradora.

Es un debate sobre libertades y derechos, pero también sobre sus limitaciones y deberes. Por ello, sorprende cómo sectores políticos y religiosos que han hecho de la cultura de la muerte, ya sea militar, ideológica o moral, una fuente inagotable de acciones y discursos se opongan con tanta furia verbal como demagogia, bulos en las redes y palabrerías vacías a este avance humanista. Es un triunfo de la lucha de personas grave e irremediablemente enfermas por alcanzar un final de vida digno y sin dolor ni sufrimiento a sus allegados. Una postura de valentía y humanidad.

La contraria a la de quienes representan el egoísmo más vergonzante, aquellos que siempre se sitúan como jueces superiores, con sus supuestos valores absolutos, sobre cualquier otra persona. Escribí hace unos años estas líneas sobre el tema: “Interesa vivir y vivir mucho, pero también vivir sanos y en condiciones positivas de convivencia y sociabilidad. Los fármacos alargan la vida, pero se trata de vivir estando vivos, no de estar vivos sin vivir la vida”. Sigo pensando lo mismo que entonces. Una vida digna exige también una muerte digna. Lo demás es pasado y viejo. Fanatismos religiosos o políticos de hace décadas, si no siglos ya. Otro paso hacia una sociedad más solidaria, ética, justa y humanista. “No puedo más con mi familia ni me gusta nada de lo que veo y percibo del mundo que me rodea”. Palabras de despedida.