El borrador del nuevo Decreto Foral de Habitabilidad abre una puerta que hasta ahora parecía cerrada para muchos pueblos de Navarra: intervenir de manera realista en el parque de viviendas existente. Este decreto no solo fija condiciones de habitabilidad mínimas para garantizar seguridad y salubridad, sino que también introduce flexibilidad para los edificios antiguos y las viviendas grandes, incluso en espacios protegidos, un enfoque que puede convertirse en una herramienta clave contra la despoblación y la degradación del patrimonio residencial.
Gracias a estas medidas, será más fácil rehabilitar casas antiguas, adaptar locales vacíos o dividir viviendas grandes para generar nuevas unidades habitacionales. Se permite, por ejemplo, flexibilizar los estándares de ventilación, iluminación o distribución, siempre respetando los mínimos que aseguran que las viviendas sean realmente habitables. Esto significa que muchos edificios que antes se consideraban inviables para su ocupación o transformación ahora podrían recibir una segunda vida.
Para los pueblos de Navarra, donde la vivienda vacía y los edificios antiguos son moneda corriente, estas medidas pueden marcar la diferencia. Más allá de incrementar la oferta, ofrecen la oportunidad de recuperar el patrimonio urbano, revitalizar espacios degradados o que en su momento tuvieron otros usos, y atraer a familias o jóvenes que buscan residir fuera de las ciudades. La clave está en aprovechar esta flexibilidad de forma planificada y responsable, evitando la creación de microviviendas o espacios que no cumplan los estándares básicos de habitabilidad.