No es exagerado decir que difícilmente Osasuna habría alcanzado el potencial que tiene en la actualidad sin aquel equipo que en 1980 logró el ascenso a Primera contra todo pronóstico. Con un plantel de jugadores canteranos, pilotado por otro hombre de la casa, como lo era Pepe Alzate, el histórico ascenso de Murcia puso fin a 17 años de dura travesía entre Segunda y Tercera división. Esto permitió sanear el club y desarrollar la ciudad deportiva en Tajonar, que ha sido clave en su posterior despeque del club, y mantenerse 14 temporadas consecutivas entre los grandes.
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De aquel aguerrido once, que se repitió en numerosas jornadas de Liga, no debe minusvalorarse la aportación de ninguno, pero para la memoria colectiva queda la mítica delantera que formaron Echeverría, Iriguíbel y Martín. Un tridente que hoy valdría una pasta, pero que se batió el cobre en tiempos en los que el futbolista ganaba un buen dinero que no le libraba de ponerse a trabajar al día siguiente de colgar las botas. De hecho, de estas tres leyendas rojillas, solo Martín ha vivido de este deporte al conseguir estirar una larga carrera en los banquillos.
Echeverría, Iriguíbel y Martín Monreal: tridente retro
El homenaje que la Liga hace esta jornada al fútbol retro no podía tener en Osasuna otro exponente que no fuera el de aquel equipo ochentero que ponía El Sadar patas arriba los domingos por la tarde –casi ni recordamos que entonces siempre se jugaba a la misma hora– y que puso la semilla del osasunismo que se transmite generacionalmente. Es una delicia que los tres protagonistas de aquella gesta hayan aceptado la invitación del periódico para este oportuno reencuentro. Gracias.