El pasado sábado 11 de abril, los familiares del republicano pamplonés Xabier de Frutos y la AFFNA36 colocaron un adoquín tropezón en el numero 11 de la avenida de Baja Navarra donde vivió De Frutos, antes del golpe de 1936 y de la guerra civil. El adoquín de recuerdo y homenaje no duró ni 24 horas en su sitio y fue arrancado durante la noche del sábado al domingo. Por fortuna fue repuesto enseguida, gracias a los desvelos de la AFFNA 36. No es la primera vez que esto sucede con placas o monolitos que recuerdan a pamploneses represaliados por los alzados y luego vencedores de la guerra en la retaguardia: puros y simples asesinatos. En el resto de Navarra también ha habido actos vandálicos como en el puerto de Artesiaga, hace algunos años, contra el monolito que recordaba a los esclavos del franquismo que hicieron a la fuerza la carretera. Solo que en este caso se supo quien fue el autor.
El caso de Xabier de Frutos es el de un fallecido en combate en la defensa de Madrid de otoño de 1936.
En la vieja Pamplona abundan esos tropezones en recuerdo de vecinos asesinados en la represión asesina de la retaguardia, represión que comenzó el mismo día 19 de julio de 1936 por la mañana, lo que da una idea de su arbitraria magnitud. Algunos de esos tropezones han sido vandalizados, lo que hace ver que aquella gente molestaba y era odiada viva y también muerta. No logro imaginar de donde viene el odio y la inquina que hay detrás de esas acciones. Son muchos años de culto exclusivo a los alzados y no sé si ese odio evidente y esa inquina están basados en el pasado o en el presente. Pero me temo, sin tremendismos, que sus autores volverían a cometer aquellos crímenes o cuando menos a aplaudirlos y darlos por buenos: la sombra del Escarmiento planeado por Mola y sus socios de la plaza del Castillo, donde se elaboraron las listas de eliminables nos alcanza, haya pasado el tiempo que haya pasado: está visto que hasta el recuerdo del dolor ajeno y el recuerdo de las víctimas republicanas de la guerra y la represión, ofenden. Algunos tienen la piel muy fina para asuntos de sus enemigos, irreconciliables por lo visto, y se ven llamados a la acción ilegítima de la agresión de símbolos o memoriales.
Me temo que con actos reprobables como esos contra los tropezones, que no tienen autoría conocida, amparados en la nocturnidad y la turbia camaradería oficial por silencio u omisión, la pacífica convivencia y la elemental concordia salen dañadas, es algo más que unos hechos tristes y lamentables; pero solo lamentados, que yo sepa, por los familiares y los difusos correligionarios republicanos o asociaciones de víctimas, como AFFNA 36.