Hubo un anuncio en televisión en los años 80 que acuñó una frase que se hizo estribillo. “Ruphert, te necesito”, reclamaba una señora aparentemente atribulada porque necesitaba, eso pedía, que su peluquero de confianza la arreglara la melena. El spot hay que verlo en el contexto del momento, del glamour de la situación y esas cosas. El anuncio era la frase, porque a Ruphert, nacido en Tomelloso y fallecido el año pasado a los 87 años, tampoco le hacía caso casi nadie, aunque fue un divo en lo suyo. El mensaje era que Ruphert era necesario y estaba al rescate. Un tipo fiel para lo que hiciese falta.

El peluquero de Marc Cucurella, futbolista del Chelsea, filtró a través de sus redes sociales las bajas de varios jugadores para el partido contra el Brighton & Hove Albion. El peluquero publicó las ausencias de dos futbolistas mencionando a varias cuentas del juego ‘fantasy’ de la Premier League y, cuando le pidieron pruebas que demostrara el por qué sabía estas bajas, publicó una foto cortándole el pelo al futbolista internacional español. Que Cucurella vaya al peluquero, además, tiene coña porque con semejante mata de pelo lo menos imaginable es una rítmica tijera sobrevolando la nuca y sí una podadora a tope. El peluquero de Cucurella es un máquina, pero haciendo negocios, que no ha admitido el código de la discreción y la secular ley del silencio entre maquinillas, tijeras y navajas.

La tradición dice que el peluquero es el confidente, al que se le cuentan cosas, buenas, malas, las invenciones, saben guardar lo que se dice, lo que se fabula, y callan. Psicoestetas que son. Y no rechistan.

El extesorero del PP Luis Bárcenas, como un nuevo Fígaro, llegó a la sala del tribunal dispuesto a cantar y ha ido cantando y contando. Bárcenas, que se ha tirado su tiempo en la cárcel –se marchó para adentro en 2013–, ha dejado en el aire eso de que “cuando las barbas de tu vecino las veas cortar...”, un dicho de lo más barberil, pero muy adecuado para enmarcar esta situación, en la que hay barbas y personal que sabe usar la navaja o pasar el cepillo.

En este asunto, el problema es que parece difícil que a alguien se le vaya a caer el pelo. “Ruphert, te necesito”.