Alas puertas de un nuevo 1º de Mayo este viernes, el calendario trae bajo el brazo el día dedicado a recordar, denunciar y debatir sobre la siniestralidad laboral y la calidad del trabajo. Es uno de esos temas que por recurrentes parecen perderse entre la monotonía de los datos y las estadísticas. No ocupa el espacio que centran las broncas políticas habituales –estos días la confrontación del Sindicato Médico con Sanidad o la anulación de varios conciertos en Educación, por ejemplo–, pero es otra de esas lacras humanas que sigue creciendo en este siglo XXI.

La muerte tampoco descansa en el trabajo y la siniestralidad laboral avanza, lenta pero hacia adelante. En Navarra, trabajar le costó la vida a 30 personas en 2025. Una de las cifras más altas, si no la más, de la última década, un periodo en el que más de 100 personas han fallecido en accidente laboral en la Comunidad Foral. Datos a los que hay que sumar los miles de accidentes leves que se producen cada año en el puesto de trabajo y las enfermedades por causa laboral.

Ayer mismo, un trabajador resultó herido grave en Elizondo y otra persona sufrió aplastamiento de una pierna en Andosilla. El endurecimiento de la legislación, la presión de los sindicatos, la concienciación de empresarios y trabajadores han ido reduciendo las cifras de muertes y heridos en el trabajo, pero siguen siendo muy altas.

En Navarra, crecieron el pasado año un 1,75% los accidentes con baja, sumando 12.598 casos y situando a la Comunidad Foral como la segunda con mayor índice en el Estado y poniendo en tela de juicio el correcto cumplimiento de las medidas de prevención. Esas mismas estadísticas señalan a la eventualidad, la subcontratación, la precariedad, el exceso de trabajo y la falta de medidas preventivas como los principales desencadenantes. También un aumento de las lesiones y enfermedades de salud mental tras la pandemia.

Esos factores, las sucesivas reformas laborales que han derivado en pérdida de derechos sociales y laborales, un modelo económico en el que los beneficios económicos son siempre más importantes que las personas y en la consideración del trabajo como un gasto y no como un valor añadido han contribuido a aumentar la desregulación laboral.

En este sentido, el día dedicado a la calidad del trabajo y el 1º de Mayo vienen acompañados del debate sobre el concepto y alcance del absentismo, en el que se mezclan situaciones que poco o nada tienen que ver. El absentismo, como realidad, se reduce a quienes faltan del trabajo sin justificación alguna. El resto de las contingencias, bajas laborales, festivos añadidos en los convenios de empresa o colectivos al calendario oficial, vacaciones, reducciones de jornada, fallecimientos, permisos... son derechos, no absentismo.

No son conceptos ni realidades similares siquiera. No vale engañarse. En cada baja laboral o en cada falta al trabajo hay siempre una persona con una enfermedad o una causa justificada. Las excepciones a esta regla son muy minoritarias. Es un debate viciado de origen, que falsea la realidad, los avances y los retrocesos y lo que aún falta por poner en marcha en la organización del trabajo entre empresas y trabajadores.