EL Informe sobre el Estado del Clima en Europa, conocido este miércoles y que reúne datos relativos al año pasado, constituye una clara advertencia en sí mismo, cuando no una bofetada de realidad frente a la persistencia de cualquier tentación interesada de negacionismo o dilación en la respuesta. El año 2025 no fue una anomalía de temperaturas elevadas sino la evidencia de que el clima ha cambiado y traza una tendencia.
Desde Navarra, esta nueva realidad ¡puede llegar a ser en el futuro una amenaza existencial que es preciso afrontar. El informe muestra su preocupación en base a estadística científica que acredita que Europa arde –figurada por el aumento de temperaturas y literalmente por la proliferación de incendios–, sus mares se calientan y sus glaciares mueren. Pero el dato más alarmante para nuestra tierra es el que convierte nuestro paisaje en una trampa.
El informe describe el “efecto látigo” que asoló la península en 2025: primaveras excepcionalmente húmedas que generan una explosión de biomasa, seguidas de veranos secos y tórridos que la transforman en un polvorín. El Estado español protagonizó los peores incendios de su historia y, sin obviar la intencionalidad suicida o interesada de varios de ellos, la causa fue precisamente esta combinación letal, que da lugar a fuegos de altísima intensidad, imposibles de combatir.
Para Navarra, esto es un aviso definitivo. Nuestro tradicional verdor de la mitad norte, podría ser un factor de riesgo extremo. Creer que estamos a salvo es un espejismo peligroso. Mientras el debate público se enreda en disputas ideológicas estériles, que utilizan el clima como arma arrojadiza entre el conservacionismo ingenuo y el desarrollismo ciego. Pero los datos científicos no tienen ideología.
Un glaciar que se derrite no es de izquierdas; un río sin caudal no es de derechas. Es precisa una gestión forestal valiente, que integre la ganadería extensiva y la silvicultura preventiva; una planificación hídrica a largo plazo que gestione la abundancia y la escasez; y la adaptación de nuestras ciudades al estrés térmico no es una opción política, sino un imperativo de supervivencia y de inteligencia económica. O actuamos unidos con contundencia o el próximo informe hablará de hechos irreversibles.