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A PROPÓSITO

Jesús Barcos

Lehendakari Garaikoetxea

Lehendakari GaraikoetxeaArchivo/Ezcurdia

Carlos Garaikoetxea tenía la madera de líder para una etapa de máxima exigencia. Y la energía política y vital para volver a empezar. Lo demostró primero en el Gobierno Vasco, como sucesor de Leizaola y de Aguirre, y posteriormente al impulsar Eusko Alkartasuna, que en septiembre cumplirá su 40 aniversario sin su fundador.

Garaikoetxea tuvo la ambición y el coraje de reconstruir Euskadi tras una guerra y una dictadura, y lo hizo bien rodeado. “El secreto de la vida, de cualquier éxito o cosa medianamente bien hecha, es tener un buen equipo”, nos dijo en 2022, en una de su últimas entrevistas.

Nacido al final de la contienda, en 1938, atesoró el brillo de contribuir a levantar un país deshecho en muchos aspectos. Fue elegido lehendakari por primera vez con 41 años.

Garaikoetxea emitía solidez, gestión y carisma, en un momento en el que la política rezumaba prestigio tras la larga noche franquista. El navarro conectó con buena parte del electorado de la CAV, como miembro delPNV y de una generación llamada a legar a sus hijos un país mejor que el recibido, Posteriormente, en 1986, tras una segunda legislatura traumáticamente convulsa, promovió con Eusko Alkartasuna un soberanismo socialdemócrata, tras una escisión que aún colea en algunas capas del subsuelo, singularmente en Navarra.

Carlos Garaikoetxea tenía la madera de líder para una etapa de máxima exigencia. Y la energía política y vital para volver a empezar

Garaikoetxea levantó los pilares y las primeras plantas de la nueva arquitectura institucional vascongada, e inyectó ilusión en una sociedad necesitada de bienestar y libertad. El político navarro fue además un líder democrático frente a la lacra de ETA en años muy difíciles.

En un libro de entrevistas de Mario Zunzarren(Alberdania, 2011) el lehendakari se reconoció como “bastante idealista”, “demasiado sentimental para los tiempos que corren” y con “cierta tendencia anarcoide”, y se planteó qué habría pasado “de haber tenido más cintura y mano izquierda”. En la última entrevista que le hicimos también dibujó esa duda, asumiendo que ya no tenía remedio. 

En 2002 publicó con Planeta unas memorias políticas,Euskadi: la transición inacabada. Hablando de su marcha de Ajuria Enea, dejó un párrafo propicio para las comparaciones: “Especialmente afectuoso fue Adolfo Suárez, a quien agradecí el reiterado ofrecimiento de su casa de Ávila, donde, me decía, tenía un cocinero navarro que nos haría muy gratos unos días de descanso a Sagrario (su mujer) y a mí”.

Testimonio final

Con Garaikoetxea se marcha otra parte de la Transición. Ha fallecido cuando están en jaque la salud global de la socialdemocracia y cómo llegarán las “nacionalidades” al 50 aniversario de la Constitución, bajo amenaza de recentralización de la derecha. El político navarro conoció la parte dulce y amarga de la política. En 2025 fue homenajeado en vida en Ajuria Enea, y recibió el cariño y respeto dellehendakari Pradales. En los últimos años, sin embargo, el promotor de EA vio a su partido roto y subsumido dentro de EH Bildu. Por eso, en enero de 2022 diferenció “la trayectoria de 40 años de impecable comportamiento democrático, pacifista, antiviolento” de su formación de “otras de nuestros socios que condicionan comportamientos presentes”. “Lo más doloroso es que en Navarra no se haya dado un simple reconocimiento de la existencia del pueblo vasco”, dijo también. La gran paradoja es que aquí EA no acabase en Geroa Bai.

Aquella mañana invernal en su despacho junto a Escolapios, su antiguo colegio, Garaikoetxea nos terminó hablando del respeto, “clave en la política y en la vida, con tolerancia y comprensión al que piensa diferente”. Ahí queda el mensaje. Por cierto: ni una palabra sobre él al cerrar estas líneas por parte de la cuenta de X de UPN.