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El rincón del paseante

Patricio Martínez de Udobro

De virus, carteles y campos

De virus, carteles y camposAyuntamiento de Pamplona

Hola personas, ¿Cómo lo llevamos?, pues, venga, ánimo que ya llegarán tiempos mejores. Siempre que llueve escampa. Esta semana, por si no teníamos suficiente, va y entra en escena un virus, el Hantavirus. Nunca lo habíamos oído, pero ahora todo dios sabe de ese bicho como si lo conociesen de toda la vida, y, como tenemos la desgraciada experiencia del Covid tan dolorosamente cercana, pues todo el mundo está alborotado sin pararse a analizar la cosa. Vamos a ver.

Hay que tener en cuenta que para cuando aquí nos enteramos de que en una ciudad china había un virus asesino, los muertos eran miles, y millones los contagiados que trasmitieron la mierda urbi et orbi. Pero nosotros pensamos: va, cosas de chinos. Para cuando nos quisimos dar cuenta ya era tarde, apareció el infectado 0 en Italia, sonaron las alarmas, pero la propagación ya era mundial, los contagiados éramos (yo también lo tuve) un elevado porcentaje de la población, los muertos millones, las morgues atascadas, las residencias de ancianos se diezmaron y todos los etcéteras que todos conocemos. Así fue la cosa explicada en dos palabras.

Entonces… ¿alguien me puede decir qué tiene esa situación que ver con la actual en la que hay unos pocos afectados y 2 o 3 fallecidos? Nada. Mayores episodios ha habido de ébola y no ha pasado nada. Yo estaba tranquilo, porque pienso, de verdad, que la cosa no es para tanto, hasta que vi en la tele a Fernando Simón el cual, en una comparecencia en inglés, decía que estuviésemos tranquilos que no pasaba nada, que este virus es más viejo que el hilo negro, lo que pasa es que ahora a la gente le da por viajar y se lo trae todo para aquí. Las palabras del bueno de Simón, me hicieron cuestionarme sino debería preocuparme un poco. Con lo divertidos que estábamos con lo de Ormuz y con el caso Ábalos y sus secretarias y ahora todo eso ha pasado a segundo término. Mal. Demos importancia a lo que realmente la tiene.

Bueno, volvamos a nuestro feudo que aquí recogidos estamos bien. En primer lugar, y como continuación del ERP anterior, os diré que las acelgas y los ajetes que compré en Aranzadi estaban de llorar, el mismo día que las compré las hice de modo tradicional cocidas con sus patatas y, en vez de saltearlas con un picadito de ajo, lo hice con los ajetes bien rehogados, deliciosas. Como me sobraron, al día siguiente hice un puré con las hojas, sobre él puse un lomo de bacalao, previamente cocinado en aceite a fuego lento, y, como remate, unas pencas de acelga rebozadas en tempura. Impresionante.

Y ahora a lo nuestro. Esta semana hemos subido un peldaño de cada una de las dos escaleras: el martes fue 5 de mayo y el jueves conocimos el cartel anunciador de las fiestas. Vayamos por partes.

El 5 de mayo, quinto peldaño de la escalera sanferminera, lo celebré, cosa que nunca había hecho, con una cena a la que fui invitado. La cena en cuestión era en la sociedad Napardi y allí que me presenté a las 9 de la noche, tal como había quedado. Nuestra mesa y otro par de cuadrillas era toda la parroquia. Se cantó varias veces la tradicional uno de enero, dos de febrero…, pero solo hasta el 5 de mayo. Cuando se cante entera será signo de que la revolución SF ya está aquí.

Me gustó la cena, me senté y no hice nada, me fueron sirviendo. Un poco de txistorra para hacer boca, unos deliciosos espárragos con mahonesa y un marmitako de salmón merecedor de un minuto de silencio. Un dulce puso el remate. A los postres les obsequié con un libro del paseante, el III, los anteriores están agotados, y se vieron encantados, un comensal se llevó la gran sorpresa porque me dijo que me leía cada domingo desde el principio y no sabía que yo estaba detrás del señor de negro. Firmé unos cuantos ejemplares. Me di un tour turístico por las instalaciones y la verdad es que la parte de arriba es más normal, excepto la cocina que es envidiable, pero la parte de abajo es una joya, auténtica historia medieval de Iruña. Está muy bien restaurada y conservada. A una hora prudente desaté mi joven y veloz corcel y pedalada a pedalada regresé a mi cueva. La ciudad estaba desierta. El silencio se hacía físico, se palpaba.

El otro peldaño que hemos subido esta semana ha sido la elección del cartel anunciador de los S.F. Vaya por delante mi enhorabuena a la premiada. He de confesar que yo no voté por él, es más, no estaba ni entre mis favoritos. Lo han elegido los ciudadanos y lo daremos por bueno, pero a mí me parece una broma. Primero artísticamente, ese estilo infantiloide puede ser válido para otras cosas, para los juegos escolares de un colegio, o, incluso para San Fermín de Aldapa, pero no para anunciar las fiestas más desmadradas del mundo, en las que antes de empezar la gente ya va sucia, donde el alcohol cumple con su función full time, donde cada mañana salen seis toros a correr por las calles y ante ellos corren miles de potenciales muertos o heridos, donde la sangre forma parte de la fiesta, donde se come como si no hubiese un mañana y en el cartel solo comen churros, ¿tendrá algo que ver la churrería de la Mañueta en la elección? ¿publicidad subliminal? No lo sé. El cartel está muy bien resuelto, se le ve buena mano, y la idea de resumir todo en los pequeños dibujos de los laterales está bien, los bailes de los gigantes en la falda inferior tienen auténtico arte, pero, en mi opinión, los sanfermines se anuncian con un cartel de impacto, algo que comunique solo de un vistazo, incluso de lejos.

Esta semana también me he dado un buen ciclopaseo. El miércoles salí de casa y espoleé mi montura dirección Lezkairu. Dejando a mi izquierda el parque de Las Pioneras, bajé a tumba abierta por la avenida del Papa Wojtyla y tras tomar una rotonda salí de Pamplona para entrar en Mutilva. Me gusta que esas primeras casas de la derecha estén como estaban siempre, ellas me ubican en el lugar. Tantas y tantas veces como recorrí esas carreteras, esos caminos, esos campos, en los que hoy se levantan los modernos edificios de Lezkairu, pero hasta que no llegas a esas primeras casas de Mutilva Alta no reconoces nada. Frente a ellas creo recordar que había unos barracones donde criaban pollos. Más adelante, en la rotonda, está la torre de Torre Unciti, lo único que queda de aquella construcción pseudomedieval, pero que estaba muy lograda y de la que ya os hablé un día. Seguí por la calle de la derecha, la calle Estrada y llegué, por entre chalets, a la zona que es más industrial y que te lleva hasta la variante Este que atravesé por un puente peatonal, seguí por un camino y me metí un buen trozo disfrutando de los campos de cereal, verdes como manzanas y teniendo enfrente la Higa de Monreal enseñoreada entre todos los montes. Cuando mis piernas empezaron a quejarse di media vuelta y a casa.

Más feliz que una perdiz.

Besos pa tos.

Facebook : Patricio Martínez de Udobro

patriciomdu@gmail.com

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