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Recursos humanos

Maite Pérez Larumbe

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Ya les conté que M me recordó que (yo) había pasado por alto el tema que sugirió para esta columna. En cuanto lo oyó, E, otra amable lectora, comentó que su experiencia era idéntica. Es bueno generar consensos. Corregí la primera falta y corrijo esta.

E señalaba los ajos, cebollas, zanahorias y pimientos ya cortados, solos o combinados, congelados o al vacío, disponibles en cada vez más supermercados. Estas elementales hortalizas, base de miles de sofritos con que iniciar infinitos platos, han sido y en muchas casas siguen siendo, en fresco, básicos imprescindibles. Tanto, que cortarlas sobre una tabla forma parte de nuestro imaginario y de la narrativa audiovisual como momento de cuidado, de disfrute del hogar o incluso de seducción si me apuran y le añaden un par de copas.

Para apoyar su propuesta, E manda un vídeo que informa de que una conocida cadena está cambiando sus tiendas por un modelo de autoservicio total, sin mostradores, donde todo se presentará limpio, cortado y envasado. Quiere decir esto que una criatura que lo frecuente tendrá dificultades para hacerse una idea de cómo es un salmón, por ejemplo. También habrá muchos platos listos para comer a precios muy competitivos en una zona habilitada con mesas y sillas. Les habrá llegado el malestar que esta noticia ha despertado en la hostelería tradicional.

¿Estamos dejando de conocer y controlar el proceso de cocinado como estamos dejando de orientarnos con un mapa físico? ¿Cómo se explica que a mayor procesamiento corresponda un precio más bajo? Está claro que los ajos, cebollas, zanahorias y pimientos no los cortan personas y que proliferan las cajas de autopago. Las personas van desapareciendo de la ecuación. Vaya, que de preguntarme si dejaremos de de trocear verduras paso a pensar qué pasará con el empleo. Un temazo, E.