Parece que alguno en el PSN tenía ganas, pero no, la sangre no llegará al río. Escribo este artículo antes de conocer cómo acabó este lunes la reunión que mantuvieron los principales dirigentes de los socialistas navarros con sus homónimos de Geroa Bai y Contigo-Zurekin.
Antes de que esta comenzara ya se sabía de la intención de todos los miembros del tripártito de mantener la coalición hasta el final de la legislatura. No están los tiempos como para entregar bazas a ninguna derecha, sobre todo después de los resultados de las elecciones andaluzas de este domingo.
“Ni se os ocurra” le habrían dicho ya para el sábado desde Ferraz a la presidenta Chivite, para alivio de casi todos, empezando por el resto de los coaligados navarros. La verdad es que, desde el fin de semana, el panorama del Estado da un poquito más de miedo. Con la del domingo, el PSOE encadena la cuarta derrota electoral en pocos meses, y el PP su cuarta victoria relativa, por cuanto una vez más vuelve a depender del apoyo de la ultraderecha de Vox para gobernar.
Se supone que Sánchez sigue confiando en que los horrores que está ya produciendo esta entente acaben provocando una movilización del electorado de izquierdas en las generales del año que viene, pero eso ya empieza a parecerse al clavo ardiendo al que te aferras cuando ya no tienes otro agarradero mejor. Aunque no todo son malas noticias. En la autonomía sureña el PP ha perdido más escaños que el PSOE, Vox apenas ha subido y Adelante Andalucía ha cuadriplicado el número de parlamentarios.
Como en Aragón, la izquierda con raíces es la única que salva los muebles en medio del vendaval diestro. He visto estos días varios vídeos de José Ignacio García, el líder andalucista y me han impresionado sus capacidades propositivas, su eficacia en la comunicación política y su sonrisa y buen humor. Esto no es Andalucía, pero no me parecen cosas que no puedan traerse también a aquí.