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Reyes Ilintxeta

Choque térmico

Choque térmicoJAVIER BERGASA

Ya sé que esto puede sonar muy “señora”, pero estos cambios de temperatura tan bruscos antes no pasaban. El 15 de mayo Garralda amanecía teñida de blanco por la nieve y unos días después estamos como estamos. El hipotálamo es la parte de nuestro cerebro que actúa, entre otras muchas cosas, como termostato de nuestro cuerpo y lo tenemos estresado vivo.

Ha pasado de estrecharnos los vasos sanguíneos, casi tanto como el juez Peinado a Begoña Gómez, a ensanchárnoslos rápidamente. También ha activando nuestras glándulas sudoríparas a tope, algo que se puede comprobar fácilmente en las villavesas repletas de estudiantes con ojeras y especialmente en aquellas en las que el chófer, no se sabe muy bien por qué oculta razón, no pone el aire acondicionado, aunque igual es que no funciona, porque visto cómo están de achacosos los autobuses…

Dicen los médicos que el organismo necesita entre 7 y 14 días para aclimatarse a un cambio drástico de temperatura y como no hemos tenido ni siquiera esa miniprimavera, nuestro sistema cardiovascular está más estresado que Rodríguez Zapatero preparando su declaración ante el juez. El choque térmico puede provocar bajadas de tensión, mareos, fatiga y síncopes (desmayos), algo parecido a lo que vivieron los osasunistas el sábado o lo que ha debido sentir Santos Cerdán al ver a los de la UCO entrar en su casa.

Otras consecuencias son las cefaleas, los trastornos del sueño, la irritabilidad y los cambios bruscos de humor, como el que parece que sufrieron los ertzainas que vigilaban la llegada de los voluntarios de la flotilla.

Y todo esto y mucho más en la antevíspera de San Fermín, momento en que Pamplona se convierte en un auténtico polvorín. Paciencia.