La visita de León XIV a Canarias terminó de una forma que nadie esperaba. Cuando el Papa ya estaba a bordo del avión comercial de Iberia que debía llevarle de regreso a Roma, una avería técnica detectada justo antes del despegue obligó a suspender el vuelo.
Finalmente, tuvo que regresar al Vaticano en el Falcon cedido por el rey Felipe VI. Lo importante es que el problema se detectó a tiempo y que la seguridad prevaleció pero la imagen no deja de ser incómoda para la compañía.
Que una incidencia aparezca cuando el avión –que transporta a uno de los hombres más importantes del mundo– está listo para despegar proyecta una sensación de improvisación y supone un contratiempo de gran repercusión internacional. El desenlace de la jornada nos dejó así una estampa tan imprevista como simbólica.
Tras varios días de mensajes sobre la paz, el diálogo y la reconciliación, el viaje concluye con el Papa cruzando el cielo en una aeronave militar. Sin embargo, más allá de la anécdota de la avería, me quedo con una de las imágenes más humanas de la visita: León XIV abrazando y bendiciendo a niños migrantes en el centro de acogida de Las Raíces, en La Laguna.
Y con una frase que invita a la reflexión: “Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia”. “Alzad la mirada y apostad por el perdón y la reconciliación como camino hacia una paz verdadera”, destacó. Valores humanistas, hoy.