Síguenos en redes sociales:

Hablando en bata

Victor Prieto

Paparadigma

PaparadigmaEuropaPress

Gritó Pedro: “¡Que viene el Papa! ¡Que viene el Papa!”. Pero como se apellidaba Sánchez muchos no le creyeron hasta que finalmente llegó el Papa. Nada de devorar a las ovejas, sino echar una legañada al rebaño, dar un toque de atención por aquí, una collejita por allá y recordar ciertos deberes éticos (más allá del catecismo del Padre Astete) que conviene engrasar de tarde en tarde.

Pero hay que reconocer que a efectos de molestias reales para los ciudadanos de los lugares visitados son los mismos de siempre: peor que una gira de los Rolling Stones o la final de un Mundial de Fútbol. Vías cortadas, atascos, multitudes erráticas de peregrinos, bocinazos poco fraternales, etc. De hecho, horas antes de que el pontífice aparcara el avión en Barajas, la asamblea de Madrid vivió un encendido debate en el que acabó saliendo el cristianismo como tema y que no acabó a hostias de milagro (dos conceptos muy bien traídos en este caso) y con Ayuso haciendo gala de su rocoso carácter de monja alférez chusquera.

Tengo para mí que si alguna vez le endosan una condena a su pareja por lo de las mascarillas, el juez le rebajará la pena por haberla aguantado todos estos años -que tiene su mérito- pudiendo haber hecho un “carretera y manta” fugándose por el balcón con sábanas anudadas.

El Papa en su visita al Bernabéu.

Por otra parte, de nuevo en el caso de Madrid, algunos de sus habitantes podrían consolarse celebrando una eucaristía en la plaza de La Cibeles con hombres vestidos de blanco (talluditos y sin Liga, sí, pero menos da una piedra) y estaría bien festejar en un lugar tan emblemático de la capital en el que el Real Madrid hace tiempo que ni está ni se le espera. Por no hablar de que asistir a una liturgia católica a los pies de una diosa pagana es una paradoja histórica por infrecuente.

Pero como mi pueblo no ha salido en la rifa de visitas no hago malasangre. Además, este Papa no bendice submarinos de guerra como Pío XII ni lanza edulcoradas proclamas absolviendo a su rebaño de derechas (mayoría por goleada) de pecadillos como la codicia, la xenofobia y otras minucias de penitencia barata, tipo 2x1 padrenuestro y no vuelvas a hacerlo, barrabás, como hacía Juan Pablo II mientras coleccionaba sombreros.

No, León XIV lanza un discurso cabal contra la pobreza, la injusticia y el negocio de la guerra. Un mensaje que podría firmar sinceramente mucha gente de izquierdas (me refiero a los votantes, porque de ahí para arriba...). Y además: es el primer Pontífice norteamericano y agarra, va, coge llega y Donald Trump no lo puede ni ver, así que sólo por eso ya le debo una caña, qué tanto joder.