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Ikusi makusi

Alicia Ezker

Vivir bajo la tiranía de los números

Fotos de la primera jornada de la PAU 2026 en la UPNA.Javier Bergasa

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Me da la impresión de que vivimos bajo la tiranía de los números, de los resultados, de las notas, de los rankings, de las cifras, de los clicks... Datos y más datos, a ser posible ordenados de mayor a menor. Datos para medir y para compararnos unos con otras, que en muchos casos acaban sirviendo para etiquetar quién es mejor o peor. Como si fuéramos números, como si el tener estuviera por delante del ser. Datos que por sí solos quedan fuera de contexto. Cifras que dejan fuera a las personas que representan, sin historias.

“Que el mundo no se acostumbre a contar muertos”, decía el Papa en su visita a Canarias al referirse a la inmigración y al drama humano que esconde el mar. Y los medios no somos ajenos a esta dinámica, casi la potenciamos, obsesionados como estamos en medirlo todo.

La última selectividad ha sido un nuevo ejemplo. Vaya por delante el reconocimiento a todos y todas los alumnos y alumnas que han sacado las mejores notas en la PAU. Seguramente con total merecimiento y gracias a un enorme esfuerzo personal. Pero igualmente se merecen ese reconocimiento todos los que han llegado hasta allí, quizás con el mismo esfuerzo pero con peores resultados, por muchas cosas que no siempre dependen de ellos y ellas.

Me hubiera gustado conocer y poner en valor otras historias humanas que seguro habrá detrás de notas más bajas, que han quedado lejos de las máximas, que quizás no den para cursar lo que querían, pero que también esconden un enorme trabajo personal con circunstancias personales, familiares y sociales a veces más adversas.

Lo importante muchas veces en la vida no es tanto hasta dónde se llega sino de dónde se parte. Ni todo depende del esfuerzo individual ni de la libertad. No todo el que se propone una meta podrá conseguirla. No es lo mismo hablar de igualdad que de equidad.

Mi reflexión trasciende al mero sistema educativo y selectivo. Pero tiene que ver con una educación que potencia la competitividad y el individualismo. Y más allá de la educación, tiene que ver con el sistema social y la cosmovisión que subyace en esto y en muchas otras cosas.

Competición frente a colaboración. Individualismo en lugar de trabajo en equipo. Egoísmo frente a solidaridad.

En realidad es una dinámica perversa y una trampa porque el bien particular nunca está, o no debería estar, enfrentado al bien común. Al contrario, a veces son caminos que conducen al mismo destino.