Síguenos en redes sociales:

Al Mundial

En el Mundial llama la atención, desde el punto de vista de las Reglas del Juego, el intento de dar agilidad los partidos evitando las pérdidas de tiempo

Al MundialPixabay

Finalizadas ya las competiciones domésticas, y hasta continentales, todos los ojos se vuelven ya al Mundial. Una cantidad disparatada de selecciones van a luchar por una competición que paraliza al mundo y, cada cuatro años, cambia los conceptos, técnicos, estratégicos y reglamentarios de nuestro juego. Desde el punto de vista de las Reglas de Juego llama nuestra atención el intento, esperemos que exitoso, de dar agilidad a los partidos evitando las excesivas y, algunas veces, casi fraudulentas, pérdidas de tiempo. De sus resultados dependerá, en buena medida, el fútbol que veamos en los próximos años.

Veintidós son ya las finales que se han disputado a lo largo de este siglo y el pasado, y veintidós también los árbitros que han tenido la responsabilidad y el honor de dirigirlas. Nadie, nunca, ha repetido semejante evento. En cuanto a su procedencia ha habido dieciséis europeos, cinco americanos y un africano. No han faltado entre ellos los famosos y mediáticos como Collina, Webb, Pitana, Elizondo o el último, el polaco Marcinak, pero de entre todos merece la pena, mirando a los inicios, referirnos al primero de ellos.

John Langenus, árbitro belga, alto, elegante, siempre bien vestido, dirigía los partidos con americana oscura, camisa blanca y corbata. Después de arbitrar una semifinal se fue de turismo a Buenos Aires y allí lo localizaron para encomendarle la final del estadio Centenario de Montevideo entre Uruguay y Argentina el 30 de Julio de 1930. Su impresión fue tan enorme que inmediatamente puso dos condiciones para aceptar la empresa: Un seguro de vida y un barco presto a zarpar rumbo a Europa al acabar el partido en el puerto de Montevideo. 

El parto no venía fácil porque los equipos no se ponían de acuerdo ni siquiera en el balón a emplear, el sagaz belga optó por la solución salomónica: cada parte del partido con uno de los balones. El combinado uruguayo terminó ganando por cuatro a dos un partido de una tensión tremenda, y en plena celebración, el árbitro se ausentó rumbo al camarote de su barco de la manera más discreta posible.

Por cierto, Langenus compatibilizaba la labor arbitral con la periodística y en el mismo vestuario redactaba las crónicas de sus partidos para mantener fresca la memoria. Otros tiempos. Hasta la próxima temporada, nos reencontramos en septiembre. Sed buenos.