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El farolito

F.L. Chivite

Esperemos que sea para bien

Esperemos que sea para bienStefan Gruber

Bueno, yo ya me voy. Este será mi último farolito. Me jubilo. Mejor ya que tarde, Lutxo. No sé qué voy a ser ahora, pero lo de columnista, c’est fini. Estuvo bien mientras duró, supongo. Pero punto. No obstante, quería despedirme. Me he sentido bien aquí. Eso es lo principal. He sido libre para escribir a mi manera. Y me temo que se ha notado: me disculpo ante las víctimas.

Empecé en el 96, cuando Aznar llegó al poder. Han sido tiempos de cambios. Como todos. Y he aprendido dos cosas. La primera: que la belleza está ahí delante en todo momento. Y que tienes que verla. Porque no puedes perdértela, es el único plan que hay. Y la segunda: que algunos te odian porque no les has hecho nada. Y otra cosa más, naturalmente: El fascismo genera antifascismo. Posee un gran talento para ello. En el fondo, aspiramos a la justicia por naturaleza. Estamos programados para avanzar hacia la justicia. Y hacia la belleza. Y es bueno saberlo. Lo contrario te debilita.

Todo eso es lo que he aprendido. Y que la vida puede ser muy graciosa si la miras con buenos ojos. Así que, fin. Puede que haya aprendido alguna cosa más, pero no me gusta presumir. Si lo haces, te vuelves presuntuoso. Respecto a la vieja Europa, ¿qué será de ella? ¿Un resort de lujo para jubilados de todo el planeta? Da la impresión de que ya vivimos en un parque de atracciones desde hace tiempo. La turistificación se agigantará. Se ve venir. Y será imparable.

Por lo demás, todo bien, gracias. Y gracias también, sobre todo, a todos los lectores y lectoras. Tan amables como han sido conmigo. Una vez, una me dijo que no entendía mis columnas pero que le gustaban. Y yo: gracias, maja. No obstante, ya es hora de irse, Lutxo. Como decía el Diablo, o tal vez Dostoyevski, "Las cosas están adquiriendo fulgores inquietantes en los últimos tiempos", viejo gnomo, le digo. Y me suelta: Esperemos que sea para bien.