Llevamos ya 3 días seguidos de temperaturas kuwaitís –y es de suponer que hoy y mañana sumaremos el 4° y 5° día seguido o muy cerca o por encima de 30 grados de media en Pamplona y otras localidades, con lo que se igualaría la ola de calor de agosto de 2003– y es obvio que es francamente complejo vivir de una manera mínimamente confortable en estas condiciones.

Días cercanos a los 40 grados, noches casi hasta las seis de la mañana por encima de los 25, casas recalentadas rozando los 30 y todo eso en el mes de junio, batiendo récords históricos de temperaturas medias y, sobre todo, proyectando una imagen del futuro que no tiene buena pinta. Y eso que la inmensa mayoría de nosotros cuenta con recursos necesarios para hacer frente a la canícula vía piscinas, aires acondicionados o ventiladores y similares.

Pero, como pasa siempre, no todo el mundo dispone de esas posibilidades y haría bien el Gobierno de Navarra y las instituciones en estudiar cómo poder adelantarse a esta clase de situaciones y cómo poder ayudar a esas familias y personas sin hogar que sufren las que más estas tremendas condiciones, por cortas que sean.

Llevamos ya 7 días por encima de 27 grados de media y es posible que la cifra final alcance la decena de días o incluso alguno más, una extensión más que suficiente como para agravar complejas condiciones vitales o resultar peligrosas para personas sanas. Por no hablar de la nula adecuación de numerosas zonas hospitalarias y educativas, con enfermos y niños sometidos a los rigores de un clima que año tras año nos va recordando que los calores han venido para quedarse y que cualquier planificación que no incluya obras de mejora en este aspecto son planificaciones fallidas.

Es hora ya de asumir que hay que invertir en sistemas que protejan a todos –y especialmente a los más vulnerables– de estas temperaturas que suponen un claro riesgo para la salud.