“PSOErengan sinesten dut” (“Creo en el PSOE”). Así, en euskera, podría haberse expresado María Chivite cuando reafirmó su fe en el partido ante el Comité Regional, a pesar de la “sorpresa, indignación y tristeza” por tantos acontecimientos negativos en los últimos meses. La fe suele ser ciega. Como se dice de la Justicia y del amor. Reiteró de paso su candidatura a las elecciones forales del año que viene. Confesión de fe en euskera como “lengua propia” de Navarra, propuesta que llevó a la ponencia parlamentaria que estudia modificaciones en el Amejoramiento del Fuero. No para hacerla oficial en toda la Comunidad y la consiguiente extinción de la zonificación, que ya se ocupó el PSN de votar en contra en el Parlamento junto a UPN y PP. Como mucho, “euskaldunizar” más la Administración en la atención al ciudadano. Quizá piense en un traductor con IA para consultas y trámites en la ventanilla correspondiente u on line en la pestaña adecuada de la web institucional.
Otra demostración de la estratégica tibieza de Chivite y su partido. Tampoco es partidaria de la ratificación en referéndum de ese futuro Amejoramiento reformado, trámite que ya se negó en los ochenta. Podría entenderse, sostiene la otrora admiradora de Cerdán, como un menoscabo de la legitimidad del Parlamento. Como si la política actual disfrutara de prestigio, fiabilidad y crédito social. Lengua propia: mero brochazo de maquillaje terminológico. Y ahora, a esperar que los Reyes acepten la doble invitación que Chivite les trasladó en FITUR: verano 2026, el eclipse del 12 de agosto en la inmejorable localización de la Ribera; 2027, Año Jacobeo. Conocedora de “cierta querencia por la astrofísica” del rey Felipe, el Gobierno de Navarra les regaló unas gafas del proyecto Eklipse y un planisferio (las constelaciones en el firmamento de Navarra según el día del año). Chivite espera respuesta mientras lee La Caída de Santos Cerdán. Regalo de Alzórriz. Para congraciarse.