Diez años después de la agresión sexual de La Manadaen los Sanfermines de 2016, las mujeres no salen de fiesta sin miedo. Pero sí lo hacen en una sociedad que ya no responde igual cuando ese miedo se convierte en denuncia. Ese es el mayor cambio que dejó un caso que sacudió la conciencia colectiva, dio fuerza al “Yo sí te creo” e impulsó la ley del ‘solo sí es sí’, que situó el consentimiento en el centro del Código Penal al eliminar la distinción entre abuso y agresión sexual. Pese a la polémica por la revisión de algunas condenas, la reforma marcó un antes y un después.
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Aquel proceso fue mucho más que un juicio. En apenas tres años pasó de cuestionarse el relato de la víctima a terminar con una condena por violación. Durante el caso de La Manada se llegó a cuestionar públicamente el relato de la víctima, poniendo el foco en si había mostrado suficiente resistencia o en su comportamiento antes y después de la agresión. La primera sentencia calificó los hechos como abuso sexual, pero en 2019 el Tribunal Supremo la revocó y condenó a los cinco acusados por violación, al concluir que existió intimidación y que no hubo consentimiento. De hablar de abuso a reconocer que hubo sometimiento.
También fue el reconocimiento a todas las mujeres que llevaban años denunciando una violencia demasiadas veces silenciada. En ese camino fueron decisivas las fiscales navarras Elena Sarasate, que desde el principio defendió que hubo violencia e intimidación, e Isabel Rodríguez, que desde el Supremo dejó claro que no hubo consentimiento.
Las mujeres siguen compartiendo la ubicación cuando vuelven a casa o evitando determinados recorridos de madrugada. El miedo no ha desaparecido. Pero las fiestas ya no son las mismas. Hoy existen protocolos, Puntos Violeta, mayor coordinación y, sobre todo, una conciencia social que antes no existía.
La gran conquista de esta década no es que las mujeres hayan dejado de tener miedo a sufrir una agresión. Es que tienen menos miedo a las consecuencias de denunciarla. Saben que será más difícil que se cuestione su palabra o que vuelvan a quedarse solas. Y el camino sigue.