la carta del día

Refugio y migraciones (II)

08.02.2020 | 22:06

carta 1. 6 de mayo de 2018. "Querida hermana Silvia, la vida aquí en Olite es cada vez más difícil, la temperatura cada año es mayor y la sequía se ha llevado nuestros viñedos y cosechas por delante. No sé ya cómo hacer para alimentar a Lucas, Hugo y Uxue. Y Ana... no sé cómo decirte esto... Ana ha empezado a hacer servicios sexuales a los turistas que vienen a ver el castillo tras diez noches sin poder dormir oyendo los llantos de hambre de nuestros hijos. Los minerales que sacan de las minas de la Valdorba desaparecen en camiones de una multinacional etíope y trabajas, si tienes suerte, por dos euros al día durante 14 horas jugándote la vida. El Carrascal ha sido acaparado por una empresa senegalesa para monocultivos y nuestros primos tuvieron que dejarlo todo. A Andrés lo mataron por protestar e intentar quedarse. Una marca de agua mineral nigeriana ha secado los sotos del Arga y en Ujué el suelo está contaminado por un polvo amarillo que esparcen desde el cielo avionetas de una empresa congoleña. En Cárcar cada vez hay más niños que nacen con malformaciones, dicen que ese polvo las causa. Tengo que intentarlo Javier, tengo que intentar cruzar para llegar a África, no sé Mali, Chad, Níger, cualquier lugar enriquecido donde pueda salir de esta miseria y mandar dinero a Ana para que deje de... Mi corazón se rompe en mil pedazos al dejar lo que más quiero aquí? Espero llegar a Bamako algún día y abrazarnos otra vez y poder sacar a Ana y a los niños y vivir dignamente mientras Olite sea un lugar de miseria. Un beso, Jose."

En palabras del catedrático y experto en migraciones Mbuyi Kabunda: "El mayor porcentaje (38%) de personas que migran en el mundo según los flujos migratorios de la OIM lo hacen entre países Sur-Sur. No es Europa quien se ocupa de la miseria del mundo, sin embargo, sí tenemos una cuota no desdeñable en causarla. África se hace cargo de la mayoría de africanos en desplazamiento forzado o "voluntario". Los que migran hacia el norte no son los más pobres, los más pobres no pueden permitírselo. Hay decenas de miles de migrantes con estudios universitarios."

El FMI y el BM han publicado recientemente informes sobre el impacto positivo en el PIB, en el crecimiento económico y en el sostenimiento del sistema productivo a medio y largo plazo de los países de destino.

La competencia laboral con el migrante es mínima dedicándose estos a los trabajos más precarios y en peores condiciones que no son elegidos por nosotros. Los datos del INE de los últimos años desmienten que los inmigrantes tengan un efecto negativo en el mercado laboral y el paro de nuestro país. La población migrante, está sosteniendo y ampliando el capital humano necesario para el sector de los cuidados de nuestro país. Un porcentaje elevado de ellos no proceden de países muy empobrecidos sino de países que están desarrollándose y son efecto del proceso globalizador que no sólo globaliza beneficios en manos de unos pocos, sino que produce movimientos dinámicos y enriquecedores.

La globalización supone migración, pero la migración es desigual por la desigualdad del sistema que la provoca. Recorren el mismo camino que emprendieron sus recursos naturales. Las migraciones son irreversibles, no se puede luchar indefinidamente para que no se den. No son una suerte ni una tragedia (espero que se me entienda) son una realidad que hay que saber integrar y aprovechar. Favorecer vías legales, pasaportes de tránsito para facilitar actividades, ayudas eficientes de regreso, verdadero codesarrollo horizontal entre países, modelos productivos y sociales integradores, sociedades con ciudadanía que acoge porque fue o será acogida, supervisión y regulación eficiente de los flujos migratorios, etc.

Tenemos una cita ineludible con la civilización humana, enrocarse en un país cerrado de población homogénea es anacrónico, incoherente con el modelo de humanidad actual, altamente injusto y generador de violencia en no pocas de sus formas.

Se hace evidente y necesario el deber de exigir un cambio de paradigma que deje de dar la espalda al sufrimiento humano provocado, de saltarse a la torera todos los compromisos internacionales y nacionales firmados en pro de garantizar la dignidad de las personas y de prevalecer el " mío y solo mío". Un paradigma, una cosmovisión, una forma de estar en la tierra sustentada por una mirada valiente y creativa que construya sistemas, relaciones, marcos normativos y dinámicas que se adecuen a un mundo en, no pocas veces, sufriente movimiento.

Por todo ello, y desde lo más profundo de nuestras conciencias humanas, sabiendo que sus historias contadas son las nuestras o podrían serlo, formemos parte de esa ciudadanía activa que mira, que escucha, que se pone en sus zapatos, que abraza, que alivia, que acoge, y también que busca maneras, que se planta, que se asocia, que denuncia, que se compromete, que sueña conjuntamente y que escribe el presente teniendo como Norte la innegociable dignidad humana.Los autores son voluntarios del Paris 365