El río Arga en Pamplona

10.02.2020 | 00:47

Si por primera vez un visitante de nuestra ciudad medianamente observador y con algún sentido de estética medioambiental, hiciese caminando los aproximadamente 1.800 metros que transcurren en el cauce del río Arga a su paso por Pamplona entre las presas de San Pedro y Santa Engracia, quedaría desagradablemente sorprendido de lo que iba a contemplar.

Probablemente no entendería muy bien por qué inmediatamente aguas arriba y abajo del puente de San Pedro se había dejado crecer un verdadero bosque con evidente peligro de desbordamiento en subsiguientes riadas.

Continuando en la dirección de las aguas se encontraría en las orillas con lo siguiente: 1. Árbol cruzado de lado a lado. 2. Un poco antes de llegar a un antiguo molino, todavía habitado, derrumbes de rocas y de viejos muros. 3. Atascos de troncos en el puente de la Rochapea, con un tajamar roto. 4. Un embarcadero totalmente destrozado. 5. Aguas abajo, y en la margen izquierda, restos de una casa quemada con los cimientos al aire y evidente peligro de caída al cauce. 6. Pasado el puente del antiguo Plazaola, numerosos derrumbes y restos de rocas. 7. Margen derecha, árbol caído y otro a punto de caer al río. 8. También en la margen derecha, y pasado el puente en forma de arco de las Oblatas, un embarcadero aparentemente de adorno, ya que, para que cumpliera su cometido sería preciso, al menos, lo siguiente: a) Embarcaciones. b) Un local para guardarles. c) Monitores para enseñar a remar.

Sin embargo, no existe ninguna de las tres condiciones, pero aunque existieran, y dada la cercanía de la presa y con muy poca corriente, se acercarían peligrosamente a la misma. Y para finalizar su bonito recorrido, nuestro turista ya no entendería absolutamente nada al contemplar el desastre de la presa de Santa Engracia medieval del siglo XII, y con una rotura central de unos 15 metros. Y no nos engañemos, una cosa es mantener en todo lo posible la salud ambiental del Arga, en lo que todos estamos de acuerdo, y otra muy distinta soportar el aspecto patético que tiene actualmente. Pamplona y sus ciudadanos no se lo merecen.

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