la carta del día

El síndrome social de la deslocalización

07.09.2020 | 00:42
El síndrome social de la deslocalización

en el Pirineo navarro y en general en la sociedad, se ha puesto en evidencia una sensación de derrota en relación con las deslocalizaciones de las multinacionales. Nuestra gente tiene la sensación de que Siemens-Gamesa se ha salido con la suya y de que le ha resultado barato. Peor aún, existe la convicción cada vez más generalizada de que las empresas apátridas, mal denominadas "multinacionales" hacen lo que quieren y siempre consiguen sus propósitos. Es la sociedad se ha aposentado una sensación de derrota; un verdadero síndrome social.

Los argumentos y eslóganes que se utilizaron contra la deslocalización subrayaban el hecho que el cierre de Siemens-Gamesa supondría el empobrecimiento de todo el Pirineo de Navarra. Pero la "negociación" de la empresa se circunscribió a la cuestión de los trabajadores con relación laboral directa; y en ese exclusivo ámbito estaba en condiciones de ganar el debate. Ciertamente, la sociedad navarra tiene que agradecer a los sindicatos ELA y LAB, que han mantenido el tipo una vez más. Pero este partido no termina aquí.

No debiésemos olvidar que Navarra fue pionera en el mundo en la implantación industrial de las energías renovables y alternativas, y entre ellas la eólica. Fue la empresa pública Energía Hidroeléctrica de Navarra, EHN, la primera, que puso en funcionamiento un parque eólico moderno de parámetros actuales, aunque con una patente danesa. Por desgracia, un gobierno de UPN vendió aquella empresa en perjuicio de todas las navarras y navarros. Navarra no se reservó ni siquiera los parques y estructuras productivas del propio territorio, tal como era perfectamente posible; y tal como expresamente se propuso y defendió por la oposición en el Parlamento de Navarra. Ya hay modelos internacionales de otras formas de actuar; así, por ejemplo, está el caso de la empresa Volkswagen, ya que las instituciones de la localidad de su origen, Wolfburg, mantienen una participación decisoria en el accionariado.

Las ínfulas de colocar a alguna persona allegada en la dirección de la empresa Acciona o de alardear de efímeros centros de investigación, quedaron en el ridículo, si no en la corrupción, una vez vendido EHN. Si Navarra hubiese conservado en su poder las estructuras productivas de EHN en Navarra, vendiendo las de fuera, seguiría teniendo aún voz, audiencia y autoridad en el ámbito internacional de las energías renovables. Y, además de ingresos imperecederos.

¿Cómo fue posible que Navarra se convirtiese hace un par de decenios en líder mundial en la producción de algo tan trascendental como el de las energías renovables? ¿Cómo se produjo aquel fenómeno, sin tener unas estructuras de investigación y de producción pioneras? ¿Cómo sucedió tal avance, sin que las entidades, que dominaban el cotarro en aquella época, como la CAN y la UN, fuesen protagonistas? Este tema merece mucho más que un artículo, una monografía o una tesis doctoral; que quede ahí por el momento.

No cabe olvidar que hablamos del tiempo, en que los sabiondos, tertulianos y aprobechateguis de todas las raleas pontificaban sobre la indispensable necesidad de la energía atómica. Se equiparaba y unía la energía nuclear y el progreso; y se reprobaba y condenaba a todo el que se oponía a dicha energía. Me contó Esteban Morrás, verdadero "alma mater" de EHN, que trató de buscar información sobre la energía eólica en la biblioteca de Iberdrola. Ha de tenerse en cuenta que Iberdrola estaba a la sazón impulsando la construcción de centrales nucleares. Se encontró con que no había más que un libro, que empezaba en Artajerjes y acababa con los molinos de viento de la Mancha; o sea, nada sino un anecdotario. Eran los mismos tiempos, en que, a pueblos como Aoiz, se les hicieron exageradas y falsas promesas. Todo parecía lícito para justificar el pantano de Itoiz; incluso la corrupción de dictar leyes con efecto retroactivo. Pero aquellas promesas han quedado en nada.

No obstante, no hay que rendirse con las deslocalizaciones; esa disputa será en el futuro una de las guerras sociales permanentes. Hay que llegar a los núcleos de decisión de todos los Siemens-Gamesa, que en el mundo son, han sido y serán, para que sepan que sus operaciones especulativas les van a deparar no ganancias sino pérdidas a largo plazo. No basta con reclamar ahora la devolución de las subvenciones otorgadas, como ha hecho Chivite; hay que blindar hipotecariamente las subvenciones y hay que modificar sin remilgos la legislación sobre las incautaciones por razones sociales.

Navarra necesita un equilibrio territorial; necesita una Ribera y una Montaña, en las que haya formas de vida dignas. Y por ello, cara al segundo tercio del siglo XXI tiene que superar la sensación de derrota o síndrome social de la deslocalización.

El autor es abogado