Colonizar a través de la lengua

09.09.2020 | 00:50

Argumentaba uno de los cónsules de Roma que la invasión de otros territorios no debería ser por medios militares, pues provoca en los invadidos reacción de odio que contribuye a su cohesión como pueblo para expulsar a la potencia colonialista. Esa es la razón de que todos los imperios terminaran desapareciendo. La experiencia muestra que la invasión armada se ha generalizado dando origen al ocaso de imperios como el romano, Grecia, otomano y más tarde el español –"en el que no se ponía el sol"–, Francia, Alemania y modernamente los Estados Unidos y Japón. Salvo Inglaterra, que siempre ha navegado entre dos aguas, ahora ya con la Commonwealth sin contenido. Es la misteriosa China la que parece que ha entendido aquella filosofía del cónsul romano. Según cónsul, para perpetuarse había que controlar los elementos que cohesionan a la población, como creencias, costumbres y símbolos, pero hacía especial énfasis en la lengua como elemento esencial para potenciar su idiosincrasia. Había que introducirse en el habla popular del invadido para provocar una ósmosis entre nativos y el invasor y que al conocer la del invadido no provoque rechazo de un elemento esencial como pueblo. La historia española es siempre fuente de sabiduría para evitar repetir sus errores a lo largo de la historia. Ese fue el grave error que emborrachó al Régimen después del triunfo del 36 con maestros persiguiendo y castigando con el "eraztuna" a los niños que lo hablaban. Los invasores y cipayos no entendieron que la población vasca se volcara en estudiar el vasco y emprendieron la persecución irracional del vasco en trance de desaparición y que se despreciaba como "lengua primitiva apta sólo para la sukaldea o en la akuilu con los animales". Ahora Madrid quiere poner en práctica ideas de hace 3.000 años, pero las invasiones requieren caudillos agudos y en Euskal Herria no se olvidan aquellos curas que prohibían rezar en vasco o la Guardia Civil que registra la mochila al montañero al que detienen por llevar planos en euskara. Pero el euskara no está todavía salvado, hay que estudiarlo y hablarlo, aunque se cometan errores, pues el peor es no utilizarlo.