El color de las mascarillas no importa... Pero el de quien la lleva sí

05.12.2020 | 01:04
Imagen de recurso de una mascarilla

Esa es la clara y dolorosa conclusión a la que he llegado. Y es que en estos tiempos complicados que todos estamos viviendo, el virus, además de haber puesto en entredicho todo nuestro sistema de funcionamiento, sigue dejando en evidencia el comportamiento humano, más concretamente de ciertos humanos.¿A qué viene todo esto? A un nuevo episodio de increíble pero cierto. Me ha pasado cientos de veces, supongo que a muchos de mi grupo también, pero maldita sea mi suerte sigo sin acostumbrarme, ya no sé si eso es una señal de algo bueno o malo€ A veces ocurre de manera sutil, otras quizá más descarada. Vosotros me diréis a qué grupo corresponde este caso. Intentaré exponer los hechos de la manera más objetiva posible:Lunes, 13.30 horas. Mi pareja (española) y yo (extranjero) acabamos de bajarnos del coche, continuando la conversación que iniciamos en el susodicho dirigiéndonos a un cercano paso de cebra. Mientras esperábamos a que el semáforo se pusiera en verde para cruzar, caemos simultáneamente en la cuenta de que no nos hemos puesto la mascarilla. Nos la colocamos ambos acto seguido. Estamos hablando de segundos. Y de una distancia al coche de 2 metros (exagerando mucho).No teníamos gente a nuestro alrededor. Pero supongo que, de igual manera, nuestro comportamiento fue altamente temerario porque, casualidades de la vida, un coche patrulla de la Policía Municipal que por allí pasaba vio necesario realizar un giro en sentido contrario para colocar el coche en el otro lado del paso de cebra y poder darnos caza. El agente de la ley nos llama al alto, hacemos caso, y nos notifica lo que ya sabíamos, que estábamos circulando sin mascarilla, asumimos la culpa intentando explicar que acabamos de bajarnos del coche y que nos habíamos despistado (todo esto con la mascarilla ya colocada).Y ¡oh sorpresa! Con ella sin mayor problema deciden hacer la vista gorda (para alivio suyo), pero yo no iba a correr la misma suerte. ¡¿Cómo podría?! El protector del ciudadano me interroga de manera tendenciosa con preguntas como "¿Tiene DNI?" "¿Está empadronado aquí?". No le culpo. Supongo que en su mente obtusa, los rasgos de mi cara y el color de mi piel borra cualquier posibilidad de ser considerado como español a pesar de que lo pone en mi DNI. De llevar casi 30 años en este país. De haber estudiado, trabajado y cotizado aquí. A pesar de no tener ningún antecedente ni haber cometido ningún delito. Bueno, está bien, uno sí. Uno imperdonable además. El de haber nacido fuera y querer a esta tierra como si fuese mía, cometiendo la imprudencia de sentirme uno más.Se me olvidaba que aún hay gente que no me quiere aquí, y, sobre todo, que en algunos casos, más a menudo de lo que me gustaría, la ley no es ciega.