Dolorosas transparencias

22.07.2021 | 00:42

Cada día que pasa nos acostumbramos más a la evidencia de la locura que envuelve nuestras tierras, cuando no al planeta Tierra y no solo en las pasadas eras. Científicos y racionales nos pensábamos: el desorden nos rodea, las contradicciones que vivimos mucho nos alejan de los modelos que imaginar pudiéramos. Un ejemplo cercano en el mundo del arte nos puede ayudar a comprender el universo de la política, ya que hubo unos personajes que compraron por quince mil euros una supuesta escultura invisible de un supuesto artista italiano en un supuesto mundo del arte del que todos formarían parte, pues fue apoyado por públicas instituciones. Ciertamente, estas mentes deberían ser pagadas también con cheques bancarios invisibles y el comprador luego denunciar al seguro en caso de robo, si se llevan la invisible, intocable e intocada escultura que solo un espacio determinado ocupara. Por ello, algunos queremos solicitar subvenciones para novelas invisibles y sin letras, cuyo coste en papel reciclable nulo parece, y que podrán deleitar a los imaginativos lectores como una sinfonía sin sonidos a la que todos mis seguidores serán invitados, promocionada por asociaciones que luchan contra la sordera: cada cual imaginará, sentados en cómodas sillas del auditorio, lo que quiera. El autor no impondrá a nadie un estilo o una nota siquiera: libertad verdadera.Muy distinto parece el mundo de nuestros políticos cuando nos imponen distintas y contradictorias quimeras. Así, el Tribunal Constitucional de España acaba de tumbar el Estado de alarma que el presidente nos impusiera hace más de un año –tres meses de encierro–, pues no tenían derecho a prohibirnos la libertad de circulación... La velocidad de la justicia, gran injusticia. "Que nos devuelvan lo no bailao". Las multas que entonces pusieron las autoridades en el aire quedan; no está claro que recurrirlas se pueda. Tenían que haber decretado, como en una guerra, el Estado de excepción, donde a uno se le sustraen los más elementales derechos por la emergencia en cuestión. También se declara que el ministro de Sanidad implicado, Salvador Illa, no tenía derecho a restringir establecimientos y espacios cerrados, pues no era de su competencia o, mejor, de su incompetencia.Aquí vemos cómo la justicia enmienda, tal vez siglos después, lo que el gobierno hiciera y nadie paga la cuenta de los abusos o la inepcia siniestra. Los asesores del Gobierno, sus técnicos jurídicos, ¿qué valor tuvieron? Mandaron, nos obligaron al encierro, prisión domiciliaria para todos y nadie paga la cuenta. Nadie pierde su puesto, el presidente sigue al mando como si nada hubiera pasado. Algunos ministros acusan a los letrados de que la justicia no ha de ser independiente y ha de obedecerles pues lo hicieron muy bien: salvaron a las gentes... Aunque antes hiciesen lo contrario.Invisible sensatez; que el mundo es locura, Erasmo lo vio claro también.

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