la carta del día

Reflexiones en voz alta

08.12.2021 | 00:28
Reflexiones en voz alta

Pamplona disfruta de una masa arbórea envidiable con multitud de variedades, tamaño y función, generalmente medioambiental y ecológica.

Una parte considerable de ella la constituyen árboles urbanos en avenidas y calles que, en ocasiones, generan problemas que, por su gran porte, inciden en las viviendas próximas tanto en lo referente a la proximidad de las ramas como en cuanto a limitar la luz en sus ventanas. Todo ello genera un debate entre el debido respeto a los árboles y su difícil coexistencia con la vida urbana, no siempre bien resuelta.

En la actualidad, ha cobrado relevancia la gestión de la necesaria renovación de la urbanización del paseo de Sarasate por la desgraciada intervención última que amuralló su entorno con una barrera de acero cortén que lo convirtió en una isleta mal comunicada e incómoda cercada de tráfico rodado. Pues bien, a la hora de afrontar la reurbanización, surge el inconveniente de la existencia de un numeroso arbolado que dificulta urbanizar, en un solo plano, las calles colindantes que pasarían a ser parte del paseo peatonal.

Uno recuerda que allá por los años ochenta, la grafiosis se llevó por delante miles de olmos, entre ellos los del paseo de Sarasate, que fueron sustituidos por los actuales que han alcanzado en los años transcurridos un generoso porte. A su vez, la ciudad ha debido acometer cuantiosas inversiones para eliminar barreras arquitectónicas y urbanísticas que la carencia de previsión social y cultural había creado profusamente.

Parece que existe dificultad para conjugar ambos elementos al abordar la nueva urbanización y creo que, más que empecinarse en hacerlo imposible, sería deseable una decisión salomónica que, bajo la prioritaria eliminación de barreras y no crear nuevas en forma de escaleras, cree un compatible sinuoso desnivel, que el amplio espacio del paseo permite generosamente, y unos alcorques elevados donde convenga mantener árboles existentes, que podrían servir de bancos en su entorno, y la sustitución de los necesarios para evitar barreras con la plantación de nuevos, que ya crecerían como lo han hecho los actuales.

Otro debate municipal ha surgido por la consecuencia de reducción de ingresos al Ayuntamiento derivada de la reordenación de la financiación local de Navarra.

Uno pensaba que, tras las manifestaciones de cabreo y contestación, los responsables municipales estarían reflexionando primero y acometiendo después iniciativas y acciones para elevar los ingresos de las arcas públicas de Pamplona.

Pero resulta que quizás será por esta época de pandemia pero parece que priman solo las ocurrencias y nos encontramos con que, como gran iniciativa, solo se les ocurre lo de poner una gran bandera de Navarra en la plaza de los Fueros (no sé si sería posible ella sola con las exigencias legales que exigen la concurrencia con otras), cuando hubiese sido más lógico que, de plantearlo, fuese la de nuestra ciudad.

Tengo para mí, vistos los antecedentes, que el amigo de las ocurrencias de Maya o es un infiltrado político de otra militancia o un bromista que se aprovecha de cierta sequía creativa del edil.

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