la carta del día

Enererías. Apuntes históricos

01.02.2022 | 00:43

Acaba enero y seguimos en el día de la marmota. Más de dos años oyendo lo mismo: distancia, mascarilla, vacuna, sube la curva, baja la curva, "juntos venceremos", "los viviremos" y otro año más y sigue. Así que vamos a tratar temas más animantes.

Acaba enero, un mes que en Pamplona tiene un toque especial dado por mi padre, Ignacio Baleztena Ascárate, Premín de Iruña. Empezando por el primer día del mes y del año entramos, con permiso de las uvas, con una de las canciones posiblemente más conocidas sobre Pamplona en el mundo mundial, el famoso uno de enero, cuyo autor fue precisamente Ignacio Baleztena a principios del siglo pasado. Y a raíz de la misma surgen las cenas de la escalera, las misas de la escalera y toda esa preparación para nuestras queridas fiestas de San Fermín que, por supuesto, las viviremos, como el año pasado y el anterior.

Llegamos al día 5, víspera de la Epifanía, Reyes Magos para los amigos, en la que la cabalgata pamplonesa tiene un toque especial, o eso nos parece a los irunshemes... e irunalabas, que si no me llamarán algófobo (y ya estoy muy mayor para estas martingalas). Aprovecho para dar la enhorabuena a la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona que la mantiene actualmente por celebrarla contra coronavirus y marea, que necesitamos vacunarnos también contra el hastío y la tristeza.

La cosa es que viendo entrevistas y reportajes parece que la cabalgata surgió al azar, como consecuencia aleatoria del Bing Bang, al igual que todo lo demás, como confirma la lógica probabilística. Pero en este caso no es así, hubo un creador, y de nuevo fue Ignacio Baleztena. Y es que tan ilustres monarcas no siempre han venido en cortejo a nuestra vieja Iruña. Todo comenzó en los años 20 del siglo pasado, cuando el aitatxo Ignacio comenzó a invitar a SSMM en el Círculo Carlista a través del rey Baltasar, con quien mantuvo siempre una muy estrecha relación, hasta el punto de que en los mentideros pamplonicas se rumoreaba que tenían un parecido muy fuerte. Más tarde, por su cargo de diputado foral, le tocó encargarse de los asuntos de la Casa de Maternidad. Allí acudía con frecuencia para enterarse de sus necesidades y para entretener y entretenerse con los niños. Así pues, posiblemente en 1926, se le ocurrió organizar la visita de los tres Reyes Magos de Oriente a la Maternidad cargados de regalos y golosinas, fiesta similar a la que ya venía realizando en el Círculo Carlista. Resultó tal éxito que, a través del periodista Perico Martín, consiguió involucrar a la Asociación de la Prensa de Pamplona en 1927 presidida entonces por Javier de Arvizu, para hacer la cabalgata extensiva a toda la ciudad, manteniendo él la relación directa con Baltasar.

El helador enero, desobediente y altanero frente al cambio climático, sigue avanzando y nos encontramos con otro evento que este año se ha visto aplazado, esperemos que no suspendido, que es el Rey de la Faba, una restauración de la celebración iniciada por los monarcas de nuestro viejo Reino de Navarra hacia el siglo XIII y que se prolongó hasta entrado el siglo XVIII. De nuevo en los reportajes no queda del todo claro el origen de esta recuperación, que para variar era el mismísimo Premín de Iruña, y, por cierto, con similar recorrido histórico. Fue precisamente allá por el año 1920 cuando Ignacio Baleztena se propuso retomar esta ancestral costumbre cuyos orígenes él mismo investigó. Esta primera edición de la fiesta del Rey de la Faba se celebró por primera vez en Pamplona en el Círculo Carlista. En 1931, el aitacho fundó la Orden del Zaldiko Maldiko, que la convirtió en la peña Muthiko Alaiak en 1934, y estas asociaciones fueron con las que siguió celebrando el Rey de la Faba, extendiéndolo posteriormente a toda Navarra. Después cogió el testigo otro de sus inventos, la Cofradía del Gallico San Cernin en los años 1954 y 55 y, al fin, de nuevo la organizó hasta hoy el Muthiko Alaiak y la Asociación Rey de la Faba más recientemente.

En resumen, que si hablamos de enero en Pamplona hablamos de uno de enero, de cabalgata, de Rey de la Faba... y todo nos lleva al mismo aparentemente inexistente personaje de Ignacio Baleztena, Premín de Iruña o Tiburcio de Okabio, que lo mismo da que da lo mismo. Igual el aitatxo fue un mito y nunca existió, como San Fermín, las cadenas del escudo de Navarra, la Iruña prerromana o la batalla de Roncesvalles. Quién sabe, lo dejo al sesudo estudio de los ilustres reconstructores de la Historia que nos abren los ojos frente al engaño que hemos sufrido durante siglos.

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