En vez de fomentar la convivencia entre vecinos y religiones, algunos curas, fomentan odios y tienen actitudes xenófobas y usan el púlpito con otros fines, pocos caritativos y echan balones fuera hacia los demás de la falta de feligreses y son ellos mismos con sus actitudes y discursos echan para atrás a los mismos. La Iglesia católica recibe muchos millones al año del erario público, que no se emplean con fines caritativos, sino que la jerarquía vive en palacios y lleva una buena vida, mientras muchos de sus feligreses viven en la pobreza y no llegan a final de mes.
Todas esas cosas hacen que cada vez más gente les dé la espalda y ese cura amargó el día grande de los cascantinos que al oír esa homilía empezaron a murmurar, porque no estaban de acuerdo con lo que oían.
Que Dios nos coja confesados ante tanto disparate que se escucha desde algunos púlpitos.