Soy una señora de 81 años. Mi marido tenía 84 años y falleció el 16/12/2025. Ambos éramos católicos. Mi marido, Miguel Ángel, y yo, incluso en sillas de ruedas, solíamos ir con mi madre, que tiene 100 años.

Para nosotros era un gran día. San Miguel y su párroco (no el actual) nos consolaban. Participábamos con amor en la fe a Jesús, a Dios y a San Miguel de Aralar.

Jesús entregó su vida por nosotros. Jesús era pobre, ayudaba a todos y daba amor. Entregó su vida por todos nosotros. Creía en el alma de todas las personas: lesbianas, gays, prostitutas, etcétera, sin hacer diferencias.

Lo que no se debe hacer desde un púlpito ni al llevar la palabra de Dios es decir las barbaridades que se dijeron ese día (según la ley de Dios). La homilía fue propia de Herodes. Espero que quien la dio recapacite sobre el mensaje que transmitió.

Como creyente, yo y toda mi familia, que me acompañaron en la misa en el santuario consideramos que nadie merecía oír lo que dijo ese señor o cura. Aquello parecía más un mitin que una misa. Varias personas se retiraron de la ermita, pero yo me quedé para rezar por mi marido y por mis nietos, para que no se fueran.

Hablé con él al salir; iba con prisas y apenas quiso escucharme. Me dijo que él pensaba así. Bonita contestación. El sacerdote debe transmitir la palabra de Dios para todos.

Entre el duelo y la pena, no puedo continuar, porque estoy profundamente indignada.